jueves, 6 de junio de 2013

¡QUÉ TIEMPO TAN FELIZ... EN OVERA !!. Por Salvador Navarro

 

    Aquellas décimas de fiebre me mortificaron durante varios meses por un error de diagnóstico del médico de la familia (“¡Carajo! Estábamos buscando algo raro en los ganglios y son las anginas…!” –bramó el doctor Parra, “don Diego” para el común de los pacientes, cuando, harto de analizar placas de rayos X,  y de dibujar con detalle cada vez que acudía  con mis padres a su consulta perfectos esquemas del aparato respiratorio que luego trasladábamos a su hermano, el otro doctor Parra, “don Paco”, se dio cuenta del problema que me mantuvo en absoluto reposo y con dolor de articulaciones durante demasiado tiempo, más del que puede soportar un crío de ocho o nueve años sin poder ir a aprender a aquella amada escuela unitaria de mi aldea, ni salir a jugar en el recreo a la civilicerra, nombre en jerga algo caló, a modo de contraseña o aviso de la presencia de la Guardia Civil en las proximidades, a quienes robaban fruta:
El autor, convaleciente, junto a unas exuberantes chumberas; y al fondo, su escuela

- ¡ Civilicerra!  -pronunciaba solemnemente la “madre” sentada en la cruz del algarrobo de “la Tenienta” ( amablemente así apodada porque su marido había alcanzado la graduación militar de teniente en la Guerra de Cuba, probablemente).


- ¡¿Qué fruta echa?! –coreábamos con entusiasmo y prisa  los demás, ansiosos de conocer pistas con que resolver el acertijo. E, invariablemente, la “madre” respondía:


- Es un árbol regular de alto. Y echa una fruta “asín” –y señalaba con las manos el tamaño y la forma del fruto incógnito, que podía ser cualquier fruta u hortaliza, incluídas las amargas y no comestibles  tueras (coloquíntidas, cucurbitáceas) usadas como purgantes.

- ¡Naranjas! –decía uno.

- No –respondía la “madre”.

- ¡Melones!

- No.

-¡Ciruelas!

-¡Ciruelazos! –decía rotunda la “madre”, y con tal fórmula autorizaba al acertante a golpear cuanto quisiera al resto de participantes fugitivos, si podía; hasta que, cuanto más alejado viera al agraciado mejor, gritara  esta vez  la temida por él y esperada por los otros “¡tabla, tabla”! que daba paso a la siguiente escena.

    Entonces, ¡oh, variable fortuna!, las tornas cambiaban y el aporreador era vapuleado por todos hasta que conseguía llegar al trono-refugio de la “madre”, y si la urgencia y los nervios se lo permitían, pronunciaba la fórmula de salvación - “ciruelazos” en este caso-. Hasta que eso sucediera, no cesaba la tunda de desquite.)

    El reloj caminaba aceleradamente, pues la campanilla sonaba indicando el final del recreo mucho antes de lo que los pupilos deseábamos y necesitábamos para cumplir con nuestros juegos rituales. Allí aparecía en la explanada de la entrada a la escuela la señorita de Villarreal, nuestra querida maestra, doña Natividad Guiral Gil, llamándonos a clase con aquél semblante siempre sonriente.

    Los meses de reposo obligado me impidieron disfrutar a tope de la compañía y de la alegría de mis amigos fuera de mi casa. Oía sus risas y sus voces cuando salían de la escuela, más allá de las paredes de la habitación donde yo estaba postrado en la cama, pidiendo a los cielos salir pronto de aquella dolencia desconocida. Oía a una vecina reprochar a sus hijos la tardanza en salir de la escuela y cómo se burlaba del éxito escolar que pudieran lograr (“Vais a salir catedráticos” –les decía con menosprecio de su aprendizaje-. Alguno de sus muchos vástagos,  ciertamente,  ha llevado una vida azarosa y ha ejercido entre otros oficios el de portero en una discoteca neoyorkina).



Historietas inocentes y divertidas que amenizaban el tiempo libre de nuestra infancia



 
    En compensación, mi enfermedad, me facilitó el acceso a antiguas revistas y folletines (“El Blanco y Negro”), tebeos (el divertidísimo “TBO”,” El Capitán Trueno” –formidable héroe de la cristiandad al grito de ¡Santiago y cierra España!, “ El Bucanero”  –con trepidantes aventuras de piratas en El Caribe-, “El Guerrero del antifaz” – ambientado en el teatro épico de la morería-, “ Zarpa de león” – historieta reivindicativa monárquica, de los años de la Segunda República-),  algún libro estrafalario sobre las Cruzadas medievales, o un viejo libro de lecturas ejemplares llamado “Rueda de espejos” con aviso manuscrito a lápiz, del propietario (Si este libro se perdiera, como puede suceder, le ruego al que se lo encuentre que lo sepa devolver. Y si no sabe mi nombre, aquí abajo lo pondré: Jerónimo Fernández García); un libro antológico de cartas modelo que llamábamos “el manuscrito” porque estaba escrito a mano, lógicamente, aunque es extraño que realmente así fuera sabiendo que no había fotocopiadoras en la época y no era letra cursiva típica;  y las visitas esporádicas que recibí de amigos, del médico, de la maestra, y la atención obsequiosa de mi familia.

 


El Capitán Trueno, Crispín, Goliat y la novia del intrépido héroe, la sueca Sigrid
            

      Con la reincorporación a la escuela disfruté de los planes de alimentación infantil a base de  leche en polvo y  queso -¡delicioso queso!- en lata (unas doradas latas cilíndricas de varios kilos de queso de vaca, de tonalidad amarillenta y extraordinario sabor), que mandaban los americanos.  

     La preparación de la leche era una operación colectiva, aportando cada escolar una botella de agua caliente que se vertía en un lebrillo enorme donde se disolvían aquellos terrones liofilizados hasta adquirir la textura aproximada de leche natural, que después se nos repartía en vasos o tazas a cada uno de nosotros. El mayor inconveniente de todo el proceso era el transporte de la botella con agua casi hirviendo, desde la casa hasta la escuela.

    Otras veces era la mantequilla americana lo que se distribuía. La extendíamos en el pan; unos, tostado (si aquel día había brasas en la casa) y otros al natural, y lo disfrutábamos como lujoso desayuno no acostumbrado.

 
Escuela unitaria de El Pilar, al completo, con alumnos desde los cinco hasta los quince o más años.

    Fueron años cruciales en la vida de mi aldea, los cincuenta del siglo XX. En 1950, con aportación en jornales de los vecinos y colaboración del consistorio municipal de Huércal-Overa y del Ministerio de Educación Nacional, se construyó la escuela unitaria, con un salón o aula, una vivienda anexa para la maestra, y unos aseos. Tenía el complejo un aire gracioso con una cubierta de teja alicantina, material inusual en la zona, con voladizo de maderas verdes, cuando la gran mayoría de construcciones sólo disponía de terrado de tierrarroya y algún que otro tejado de teja moruna. Las ventanas, de madera con molduras, de color verde, acristaladas, orientadas al Este; y una puerta de entrada igualmente labrada y pintada,  de dos hojas, orientada al sur hacia los huertos de naranjos, lugar de exposición a la vergüenza pública con orejas de burro y de rodillas, de algunos alumnos desaplicados.
 
    El trabajo escolar era llevadero para quienes no teníamos más urgentes ocupaciones –había quien no podía asistir con frecuencia a las clases porque su colaboración en las faenas de la casa era absolutamente imprescindible, aunque no fuera mayor de diez o doce años-,


 Los tres alumnos Navarro Fernández, Lola, Salvador y Catalina, posando en la mesa   de la maestra, ante la parábola de la multiplicación de los panes y los peces, en la pizarra, y el templete de la Pilarica.
               
y podíamos simultanearlo con los juegos –por lo general poco intelectuales- como la cadena   (una vez “echada la china”, o sea adivinar en qué mano tenía oculta el otro una pequeña piedra, el perdedor iniciaba una persecución del resto de participantes que,  a medida en que eran atrapados,  engrosaban la cadena cuyos eslabones eran los niños enlazados por las manos, que seguían persiguiendo a los restantes para ampliar su longitud);  el fútbol con balón o con naranjas verdes; las bolas –o canicas; la correa -especie de cinturón que se ocultaba en cualquier lugar de difícil acceso o era disimulado entre las piedras de un muro, hasta que alguien lo descubría y lo utilizaba como  látigo para fustigar con él a los demás; el “aregón” o “aragón” en las noches de luna de verano –especie de defensa de posición militar que había que tomar en plan guerrillero al grito de “Aragón, descubierto, que está la puerta abierta”;  o las cañas-pértiga, admirable manera  de desplazarse tomando impulso alternativamente en un extremo y en el otro de una gruesa caña; y el salto, volando por encima de los cuerpos encorvados de los participantes; juegos todos ellos típicamente masculinos. Pero también otros, más amables; estos, en compañía de las niñas: el salto con pelota pequeña de goma lanzándola a la pared y haciendo una serie de pasos o posiciones del cuerpo; la rayuela, de constante ejercicio físico; los cabales o juego de malabarismo realizado con cinco pequeñas piedras redondas  (eso eran los cabales) con las que se ejecutaban difíciles ejercicios de habilidad manual y corporal  lanzándolas al aire y recogiéndolas antes de caer sin que escapara ninguna mientras se efectuaba un complicado movimiento con otras que permanecían en el suelo e iban cogiéndose en cada movimiento nuevo; o el baile corrido con una tonadilla reiterativa de una letra así: “La señorita Isabel qué tonta que está: se va a morir de tanto pensar; si piensa en Fulanito, Fulanito no la quiere; por eso Isabel de pena se muere. Que salga ya que la quiero ver bailar, etc”; la comba entre niños y niñas, mediando picardías; o las carreras en bici, pedaleando con la pierna por debajo del cuadro en alguna destartalada y oxidada bicicleta, que ocupaba más tiempo en arreglo de pinchazos y montaje de cadena desengrasada que placer en el paseo.


Tazas- recuerdo de Overa,  más cómodas para aquel desayuno infantil que los vasos de cristal comunes.
    Hacia las tres de la tarde de los tórridos días de julio y de agosto,  en el momento de mayor bochorno y sequedad en las gargantas por efecto del abrasador poniente, cuando las chicharras –cigarras- estaban a punto de volverse locas haciendo vibrar sus plectros (tímbalos) y el aire clamaba al cielo por un poco de humedad, sonaba la potente voz de José Antonio “el Chambilero”:  -“¡Chambi rico, helado! ¡Mantecado helado!”. ¡Chambi…!  El eco parecía repetir la frase en las paredes del salón de la escuela. Era un sándwich de mantecado helado entre dos pastas que parecían sacadas de la misma materia candeal de la hostia de la Sagrada Forma, por lo exquisitas que sabían. Y luego, estaba el limón helado en aquel recipiente protegido con corcho y su tapa metálica brillante con asa para hacerlo girar. ¡Hum!, ¡Qué bueno y qué frio en medio de aquel horno sofocante de Overa!

    Era una conmoción lo que aquel anuncio producía, especialmente entre los críos. Entraba entonces la negociación con la madre o con el padre para conseguir dos reales, un real o incluso una perra gorda para poder paladear aquel manjar helado en la hora de máximo calor y sequía.

     Unos años más tarde, se construyó en la localidad una recoleta ermita, erigida por aportación vecinal, en honor de la Virgen del Pilar, a sugerencia de un vecino, ejerciente cacique influyente, ex guardia Civil famoso por la persecución y captura de los contrabandistas “El Espadilla” y “El Carbonero”. Y, claro, siendo la Pilarica patrona de la Benemérita Hermandad, no extraña que finalmente diera nombre de “El Pilar”  a la localidad cercana al cruce de carreteras, al “Control” de la Guardia Civil que había allí instalado, englobando y sustituyendo a varios otros topónimos preexistentes: Los Pantorrillas, Los Javilanes (“Gavilanes” que hacían sus nidos en un acantilado sobre el barranco), La Molineta –por el rotor de aspas movidas por el viento para extraer el agua de un pozo-, La Venta del Empalme o de Overa, El Ventorrillo,…, atravesados por la Carretera de Baza, la Nacional 340 y el Camino Real o de Lubrín.

    La decoración interior del retablo, en torno a la hornacina que aloja la imagen de María y El Niño fue magistralmente ejecutada por Juan “El Obispo”, artista huercalense experto en pinturas al fresco, y representa una serie de columnas y otros motivos de un templo antiguo, de estilo más o menos clásico.

    La ubicación de la escuela y el ensanche que se construyó en su entorno sirvió, a partir de entonces, de plaza pública y lugar de instalación de la verbena popular del 12 de octubre, festividad del Pilar, adornada sistemáticamente con papel de seda de colores, recortado en formas diversas y pegado a los cordeles de pita (en aquellos años se extraía la fibra de pita o alzabara que los componía en una industria local integrada por una  máquina manufacturera de hilo de este falso cactus abundante entonces en la zona) por medio del más eficaz y barato pegamento: harina de trigo amasada con agua. El bullicio infantil en tales ocasiones era más que extraordinario, por el acontecimiento festivo que anunciaban los cohetes lanzados al cielo azul de Overa.

  Penacho de caña del que se fabrica la cerbatana

    En la ermita, aunque minúscula, se celebraban con concurrida asistencia casi todos los oficios religiosos. Pero los más esperados eran los típicos del mes de mayo, el mes de las flores, con inigualable perfume de rosas recién cortadas, y las bromas y risas de los más pequeños, disfrutando de las noches de plena, florida y apacible primavera. Después, ya en el verano, buscaríamos la diversión bañándonos en los “rebalsones” del río, en las acequias o en las balsas. De vuelta a la casa desde el río, con la navaja hacíamos las cerbatanas con el penacho de las cañas de “El Cañico” (“zarabatanas, decíamos) para lanzarnos como proyectiles las semillas  (“ huesos” en nuestra  jerga), perfectamente esféricas y planificadas con meridianos y paralelos, de las almecinas (“alatones”, fruto del latonero, latón o almez), después de comernos la pulpa escasa pero dulce y sabrosa que las rodea  – tan deliciosa como para que los viajeros que la probaban olvidaran su patria, como dice Covarrubias en el “Tesoro de la lengua castellana o española”, de los hombres de Ulises en la Odisea, e identificando el almez o latonero con el loto, de dulcísimos frutos.




 
Cerbatana de caña, con escobilla obtenida del penacho floral de la misma planta, para limpiar el ánima de la cerbatana.
                 
 
        
 
 
                  
             
A la vuelta de los baños, si era domingo y anochecía ya, podía oírse desde el río aquella entrañable “Diana” de Paul Anka (“I’m so young and you’re so old/ this my darling  I’ve been told/ I don’t care just what they say/ ‘cause forever I will pray/ you and I will be as free/ as the birds up in the trees…Oh, please, stay by me, Diana…”, que entonces no entendíamos en absoluto) en el pick up de mi tío Guillermo, acompañada musicalmente  por el sensual saxofón y el incitante punteado del banjo de la orquesta de Don Costa, estimulando nuestros sentimientos y fantasías juveniles.



 
Paul Anka, ídolo musical de mi infancia y juventud, en Overa.
                                    
 

 
  Junto a este single de Paul Anka nos deleitamos con otros muchos que estaban de moda en los Estados Unidos, gracias al vínculo cultural musical que creó, a través de los discos que traía de América, mi primo Jerónimo, el dueño del referido libro “Rueda de espejos”.
¡Qué tiempos…!
 
 
                                          Salvador Navarro Fernández

 

 

 

martes, 4 de junio de 2013

¡SALVEMOS EL CASTILLO DE OVERA! Campaña de sensibilización: Overa Viva



El CASTILLO de OVERA es nuestro pasado, es nuestra "Historia", la historia de nuestro pueblo y el que le da nombre, no podemos perderle. Difundid este mensaje y animad a vuestros amigos a que ellos también lo hagan: NUESTRO CASTILLO NOS NECESITA A TODOS/AS, TENEMOS QUE LIBRARLE DE UNA MUERTE SEGURA SI NO RECIBE YA UNA AYUDA DE EMERGENCIA. TODOS A UNA, SALVEMOS EL CASTILLO DE OVERA!! PARA ELLO ES URGENTE:
1º.- La propiedad pública del terreno del Castillo, la medina y el cementerio árabe... Unos 10 mil metros cuadrados. El ayuntamiento empezó a hacer algunas gestiones...pero todavía es de una docena de vecinos sin ningún valor para ellos...
2º.- Elaborar un proyecto de consolidación de la Torre y vallado de todo el recinto.
3º.- Ejecutarlo (Son cuatro euros) para evitar que se caiga la torre y se siga expoliando y destruyendo todos los restos arqueológicos...

¡¡SOLUCIONES YA: AYUNTAMIENTO, JUNTA DE ANDLUCÍA, DIPUTACIÓN...!!


SOBRE LOS ORIGENES DE OVERA Y SU CASTILLO..Por J. Pardo Valera

 Durante el reinado de Abderramán II, concretamente en el año 846, se produce la gran sequía de Al-Andalus, que despobló por completo a la alejada provincia de Almería; poco después comenzaría la re...población y de esta época puede calcularse que se originaron los asentamientos de Güercal y de Overa, en teoría, y casi sin constatación alguna, base y origen de la actual villa. El río Almanzora, las ramblas, fuentes, balsas y manantiales, rebosantes entonces de agua, pensamos, cimentaron una prosperidad que edificó una población de la que quedan vestigios en toda la comarca. En Güercal, el castillo árabe, situado en la estribación última de la Sierra de Almagro y sobre un precipicio de 200 metros, construido en argamasa y formado por una única torre perpendicular de 15 metros; consta de tres pisos y de un único acceso de más de 2 metros de anchura, a cuyo pie se ven restos de un aljibe, y a unos 20 metros, una muralla. En Overa se sitúa el hoy castillo junto a la barriada de Santa Bárbara que, por su extensión, debió de ser más importante; situado en la cima de la estribación de la Sierrecica, parece comunicarse con los restos de los castillos de Zurgena, Cantoria, Purchena y Serón, poblaciones que ofrecían una asegurada vanguardia del resto de los pueblos pertenecientes al Reino de Granada, que comprendía la totalidad de la cuenca del Almanzora; vestigios a los que hay que añadir los de Palacés, Abejuela, El Saltador y Torrejón.
Batallas y más batallas llevaron a las incipientes poblaciones de Güercal y Overa a ser finalmente anexionadas, mediante donación previa, a la ciudad cercana de Lorca, en merced a los servicios prestados a la Real Corona, como así lo acordaron los Reyes Católicos en el año 1488. Pronto iban a fijar su residencia un buen número de familias de cristianos viejos que intentaron convivir con los moriscos del lugar, aunque muchos de éstos, especialmente los habitantes de Overa, optaron por marchar antes de renegar de su fe; Güercal, que era un enclave menor en la época, no sufrió semejante despoblación (queda, como dato curioso, constancia de los habitantes de ambos lugares, 26 pertenecían a este último y 75 a Overa).


viernes, 31 de mayo de 2013

NOTAS SOBRE EL CASTILLO DE OVERA. Recopilado por Sergio Díaz Parra.


Con estas notas pretendo hacer una pequeña aportación al conocimiento de nuestra historia. Este es el primer paso; después, aplicar el eslogan de Overa viva..."Se ama lo que se conoce. Se defiende lo que se ama". Sergio Díaz Parra, arquitecto. Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.
Castillo de Overa (Santa Bárbara). Autor anónimo. Archivo fotográfico de Overa Viva.


CASTILLO DE OVERA

Extraído del libro "Notas para el estudio de la aquitectura militar en la zona de la axarquía almeriense (S. VIII al XVIII)." Martín García, Mariano.

Castillo de Overa (Santa Bárbara). Fotografía J. Pardo. Archivo fotográfico de Overa Viva
Situado 4,50 Kms al SO de Huércal-Overa, en un cerro de 240 metros de


altitud, localizado entre el río Almanzora y el cruce de la antigua CN-340 con la


CC-323, desde el que sale el camino que llega a él y que atraviesa el núcleo de


población de Santa Bárbara. [M.M.E., hoja 996 (Huércal-Overa), E:1/50.000,


coordenadas U.T.M. (592.060-4.134.500)].


Corresponde a una de las fortalezas que Muhammad V había reforzado


para la defensa de la frontera oriental del Reino de Granada en su sector

murciano. La parte alta del cerro en el que se sitúa la ocupa el castillo,
cuyos

elementos principales son una gran torre rectangular y un aljibe.
 
Vista general del Castillo de Overa y su enclave en la población de Santa Bárbara. Foto Gustavo Guilman. Editada por Overa Viva.


El poblamiento de la antigua Overa ocupaba las laderas del monte, en especial la SE.

La torre tiene unas dimensiones de 8,25 x 7,05 metros, correspondiendo

los lados mayores a las orientaciones NE y SO. Los primeros 4,50 metros de

altura están construidos con hormigón de piedras de mediano tamaño, sobre

una zarpa del mismo material, siendo ésta de gran tamaño sobre todo en el lado

NO, conservando sus paramentos exteriores perfectamente enlucidos. A partir

de esta altura los muros de la torre se construyen en mampostería, con un


Castillo de Overa. Fotografía Juan Pardo (2012).
grosor aproximado de 1,00 metro, rejuntándose las llagas con mortero de cal,

de los que quedan claras muestras en la fachada NE.


Esta primera planta hueca presenta en su testero SE la puerta de acceso

a la torre, encontrándose su umbral a la mencionada altura de 4,50 metros.

Dicho hueco, formado por un arco de medio punto tras el que hay una bóveda

rebajada, ambos de ladrillo, tiene una anchura de 1,40 metros y una altura de

2,00 metros. Esta planta conserva una altura cercana a los 3,00 metros y su

interior estaba formado por dos salas abovedadas paralelas, separadas por un

muro de mampostería en el que se abre el hueco de paso y orientadas en la

dirección SO-NE. Conserva restos del arranque de las bóvedas de ladrillo que las

cubrían.
Hueco exterior en una de las paredes del castillo. Fotografía Juan Pardo para Overa Viva.

La primera de las salas presenta, además de la puerta de acceso, un

hueco, quizás saetera, en el muro NE. La segunda de las estancias no tiene

ningún hueco al exterior, si bien en el pavimento tiene una abertura. Es posible

que la diferencia del tipo de material entre ambas plantas, sobre todo el que la

inferior sea de hormigón, así como el mencionado hueco en el suelo, pueda ser

indicio de que en su interior exista un aljibe, hecho habitual en la construcción

de las torres de este tipo del Reino nazarí de Granada.

El aljibe situado a unos 5,00 metros al S de la torre tiene planta

trapezoidal, de dimensiones medias 3,50 x 4,10 metros, correspondiendo las

mayores a las orientaciones E y O. Está construido con muros de hormigón

ejecutado con piedras de mediano tamaño, estando enlucido su interior y

achaflanados los ángulos. Interiormente tiene adosado al muro descrito otro de

ladrillo, también enlucido con mortero de cal, con un espesor de 0,30 metros. Es

posible que la bóveda que lo cubría apoyara sobre este último muro y fuese del

mismo material.
Ruinas del Castillo de Overa. Fotografía J.Pardo. Archivo fotográfico de Overa  Viva.
No se han encontrado restos de murallas ni de otras torres de la

fortaleza, si bien si quedan abundantes restos de la distribución interior tanto del

castillo como de la población que se asentaba en las laderas del cerro, en

especial en la SO, quedando importantes muestras de su trazado urbanístico,

todo construido con muros de mampostería de los que resta una altura

considerable. Se distinguen entre los restos gran cantidad de estructuras de

viviendas, algunas con habitaciones de tamaño muy reducido y muros de escaso

grosor. También se conservan pavimentos originales en algunas de estas

habitaciones.
Castillo de Overa. Fotografía J. Pardo para Overa Viva

El estado general de conservación del conjunto es malo, encontrándose

abandonado y cubierto de vegetación. El interior de la torre tiene caídas sus

bóvedas y habría que limpiar el agujero existente en el pavimento de la primera

planta para confirmar la existencia de un posible aljibe bajo ella.

El aljibe exterior se encuentra relleno de escombros hasta la altura del

arranque de su bóveda de ladrillo, la cual se ha perdido. Igual sucede con todos

los demás restos de muros de la distribución interior de la fortaleza y del

poblado, por lo que sería de gran interés una exhaustiva excavación

arqueológica de toda la zona ya que sacaría a la luz uno de los poblamientos

mejor conservados de todo el territorio nazarí. Este castillo fue declarado BIC en

1949.



Eslogan de la campaña de difusión "Salvemos el Castillo de Overa" promovida por Overa Viva.







lunes, 13 de mayo de 2013

VIDEO CLIP "FLORA Y FAUNA DE OVERA". Por Overa Viva

PINCHA EN EL SIGUIENTE ENLACE PARA VER EL VIDEO...
OVERA...CIELOS INFINITOS, SUEÑO DE MEDIANOCHE...DESCÚBRELA!!!

viernes, 10 de mayo de 2013

CON OVERA EN EL CORAZÓN 6. Desde China con amor por Manuel Delgado "El niño de los Tablares"


" Estimados paisanos, todos los de Overa! Tierra que no solo me dio calor sino Luz, Tierra de buena gente y afable. Tierra donde todavía se le sigue llamando a las personas por su apodo o mote, como referencia a un familiar o hecho histórico. Tierra donde la gente te habla y te escucha por los ojos. Tierra que me dio Norte cuando lo perdí. Gracias Juan Carlos Perales por encontrarte por mi camino y presentarme a tanta buena gente y a un pueblo que llevo en mi corazón y en mi mente. GRACIAS A TODOS por darme tanto calor cuando lo necesite gracias por acompañarme en aquellos momentos donde realmente me encontraba sólo. Gracias por enseñarme vuestro forma de vida y que ahora practico. Nunca me fui de Overa y si lo hice, perdón. Manuel Delgado ( el niño los Tablares)."

La distancia no siempre es lejanía... Cuando nos acompaña el recuerdo de tantos amigos...


Pero el amor hace cercano lo lejano... y propio lo ajeno.




Mirando al futuro con ilusión...y con Overa en el corazón




Con el sabor de haber vivido buenos momentos y haber conocido gente maravillosa en Overa.




Aunque en China, no se olvida de las comidas de Overa, de las cervecitas y algún que otro helado en el M´apetan con sus amigos.



Pero el amor...es el motor que da sentido, en la mayorìa de los casos, al rumbo de nuestra vida

...lleno de inquietudes y mirando con esperanza e ilusión al futuro.





NUEVOS PAISAJES, NUEVOS MUNDOS NOS ESPERAN...

 

 

 

 

 

 

 



 

miércoles, 8 de mayo de 2013

lunes, 6 de mayo de 2013

"EL ÚLTIMO ATARDECER"

...Y POR LOS MUCHOS QUE VENDRÁN. PINCHA EN EL SIGUIENTE ENLACE PARA VER VIDEO CLIP.

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