jueves, 6 de diciembre de 2018

LA CONCEPCIÓN, LAS FIESTAS DEL BIEN COMÚN. Por Juan Pardo Valera



    Una de las  ermitas  más antiguas de Overa es La Ermita de la Concepción en el corazón del Campico de Nubla. Fue el único lugar de culto de toda Overa durante muchos años, casi dos siglos,.... (de ahí que a este barrio se le conozca como La Ermita). Desde principios del siglo XVIII hasta principios del siglo XX es el lugar de culto donde asistían los feligreses de toda Overa. Eran especialmente famosas sus "Pujas de la Virgen", sus bailes de animas y las fiestas de la Inmaculada Concepción. Otras tradiciones importantes eran su Carnaval de Peloteros, de Mascaricas de curucurú, las noches del álamo y los ramos, la noche de las lumbres, los tiestos en las matanzas, el "esperfollo" y las pañochas colorás... Y muchas más. Es de destacar la gran solidaridad entre sus vecinos para todas las tareas agrícolas (EL COMÚN...) Y para las diversiones: organizar fiestas entre todos, que llega hasta nuestros días:  Bailes de ánimas, cenas de navidad, fiestas de la Inmaculada... Las Gentes de la Ermita son trabajadoras, emprendedoras, fiesteras, nobles y orgullosas. Discretas y amigas de sus amigos, defensoras de sus tradiciones y acogedoras del necesitado...

LAS FIESTAS DEL BIEN COMÚN
     Entrañables fiestas de la Inmaculada Concepción del 6 al 8 de diciembre en este histórico barrio de Overa. Son unas fiestas comunales en donde la comida la ponen gratis los vecinos (cada casa aporta un dinero para los gastos): aperitivos, migas, paella, postres... Y los participantes (vecinos y visitantes) solo pagan la bebida que se tomen...Todo en un ambiente festivo, amigable y muy cariñoso... Son de destacar sus tradicionales actividades del "día de la virgen" como: la puja de la virgen, procesión, partidos de solteros/casados, carreras de cintas...etc. ¡ No te las puedes perder..!



FIESTAS DE LA CONCEPCIÓN. PUJA DE LA VIRGEN. 
     Una tradición muy importante y antigua. Era tradición pasar por las casas de la ermita 'pidiendo" para la virgen: embutidos, espinazos en sal, rastras de pimientos secos, frutas, pan de aceite, pan de higo, aceite... Cada vecino daba lo que podía, lo mejor de cada casa. El día de los reyes se hacía la Puja de la Virgen con gentes venidas de todos los barrios de Overa y pueblos cercanos para recaudar fondos para el mantenimiento del culto religioso, adjudicando en subasta todos los bienes donados por los vecinos. Esta puja (se iba pujando por cada uno de los productos y se los adjudicaba el mejor postor) era la más famosa en toda la comarca y acudían muchas personas porque se podían conseguir buenos productos a un precio más que razonable...Pieza fundamental era "el subastaor" ( normalmente el alguacil de las ánimas) que dirigía la subasta con todo su ceremonial de chistes, pullas y motivaciones.
Hoy nos queda, como recuerdo esta ancestral tradición, la puja para ver quién tiene el honor de meter la imagen de la Inmaculada en su ermita después de la procesión del día 8 de diciembre...


LA ROPA DEL DÍA DE LA VIRGEN.
     Era habitual comprar ropa y zapatos nuevos para el día de la virgen estrenarlos en la misa mayor. El viaje en " la alsina" a Lorca con mi abuela a los Almacenes Miñarro era toda una aventura. Allí vi y use por primera vez una escalera mecánica, invento que consideré un adelanto histórico de los nuevos tiempos y muestra irrefutable de que la evolución humana no tenía límites...
Desde ese momentos esas ropas y objetos quedaban bautizados como "los del día de la virgen".
¿Qué pantalones me pongo para el ir al bautizo?
¡ Cuáles te vas a poner; los del día de la virgen...!!




UNA ARQUILLA DE DULCES.
    Si algo no podía faltar en las fiestas de la Ermita de La Concepción era una buena arquilla de dulces de Cantoria. La arquilla era de finas tablas de madera y menos profunda que las habituales arcas para guardar la ropa. En ella, muy bien organizados, se apilaban los bizcochos, medias naranjas, almendrados, roscos de viento…
Un exquisito manjar para la chiquillería, aunque estuviesen hechos siempre de la misma o parecida forma: bizcocho bañado en agua azucarada que al solidificarse formaba una dura costra y en su interior guardaba la sorpresa del sempiterno cabello de ángel. Otro clásico eran los enormes trozos de calabaza confitada.

Juan Pedro era su dueño y atendía con esmero y una gran amabilidad a sus entregados clientes. Tenía un aire desgarbado, era alto y huesudo, con nariz larga y afilada y unos grandes ojos saltones.
Como bebida ofrecía anís y coñac para los hombres y licor café y beso de novia para las mujeres. También tenía una botella de licor de menta, pero advertía de su fuerte picor y unos “raros efectos” que hacía peligroso su consumo.
Al finalizar la procesión nos arremolinábamos sobre el puesto de dulces, la mayoría a mirar y algunos privilegiados a que su padre o padrino le comprara un dulce. La mayoría, niños y mayores, se conformaban con la visión de aquellos inalcanzables manjares. Otros, los más pudientes, compraban un cartucho de estraza de medio kilo para llevárselo a la familia como postre extraordinario para después del arroz con pollo del día de la Virgen.
De pronto, la noticia corría como la pólvora por la pequeña aldea:
- ¡ Qué fulanico, el de américa, ha comprao 3 kilos de dulces de Cantoria…!
- ¡Y una botella de anís dulce…!
- ¡ Vaya suerte tiene su familia ¡
- ¡Qué buenas fiestas van a pasar…!



PARTIDO DE SOLTEROS CONTRA CASADOS
      Otra tradición muy arraigada en la Ermita es la del partido de fútbol de solteros contra casados. Con los nuevos comportamientos sociales: solteros, casados, divorciados, juntados..etc. Cada vez más se convierte en un partido de jóvenes contra "viejos"... El campo de fútbol de la Ermita ha pasado por muchos emplazamientos: orilla del río, bancal Grande, Rellanas... hasta llegas a su actual emplazamiento en la Ramblica, junto a la ermita.




LA CORRIDA DE CINTAS
     La corrida de cintas de la Ermita se solía celebrar en la cuesta que baja de la ermita hacia la Ramblica. En estas últimas décadas hemos ido pasando por todas sus modalidades: en burra, bicicleta, moto, caballo...
    Las jóvenes de La Concepción (y de toda Overa) realizaban de forma manual una serie de cintas de diversos colores, utilizando la técnica del bordado (en la actualidad se utilizan otras técnicas como acrílicos, rotuladores, etc.) y siempre haciendo alusión al año de su elaboración, además de su nombre. Éstas tienen un tamaño aproximado de 150 cm. de longitud y 5cm. de anchura. Se enrollan en el carrete a modo de espiral por uno de sus extremos, portando el otro extremo una anilla cosida, por la cuál los participantes han de pasar la pica para así desplegarla en su totalidad. Cada cinta, irá a parar a los ganadores de manos de la joven que la había bordado.




¡ QUÉ VIENEN LOS MÚSICOS…!

-          ¡Virgencica, qué no llueva!

    Esta súplica a la divina providencia era el pensamiento recurrente durante los meses previos al 8 de diciembre. Y no era una cuestión menor, suponía el ser o no ser de un día de fiesta anhelado todo un año. A principios de los años 60 apenas había coches, por lo que los vecinos de la ermita de la Concepción acudían a la fiesta andando, en bicicleta o como mucho en moto. Igualmente, los de los demás barrios de Overa y otras localidades vecinas: Palacés, Zurgena, la Alfoquía, El Cucaor, Huércal… La lluvia y el mal tiempo espantaban a los fiesteros, no sólo porque se mojaban o pasaban frío, sino porque era totalmente imposible acceder a la aldea con la salida del río y de las ramblas que la rodeaban.

-          ¡Y por si faltaba algo; se ha ido la luz…!

    Nadie se extrañó, aquel lluvioso 7 de diciembre de 1965, de que se fuera la luz y a la mañana del día siguiente aún no hubiera vuelto. Los desvencijados palos de madera con los dos cables de electricidad soportaban mal las inclemencias del tiempo. Una mañana plomiza nos despertó el día 8 con malos presagios para el esperado día de las fiestas. Había salido el río Almanzora llevándose a su paso los inestables puentecicos de tablones de madera que nos unían a la civilización. También la rambla del Agua que nos separaba de Palacés y la rambla del Muerto en el camino del Campico de Nubla…


    Por supuesto no hubo misa, ni procesión, ni puja de la virgen, ni siquiera dulces de Cantoria. El amarillento arroz con pollo, típico del señalado día, me supo a poco.
 ¡Sólo nos quedaba la posibilidad de que a la noche hubiese baile…!
Pero pasaban las horas y seguíamos sin tener noticias de los músicos. Sin poder aguantar más, me puse las ropas de estreno y los brillantes zapatos, las ropas del día de la virgen compradas la semana anterior en Lorca, y me fui a la puerta de la Ermita.

    En los poyos de la puerta de la Ermita se reunían una docena de chiquillos y algunos jóvenes esperando acontecimientos. El salón anejo a la ermita, donde tantos bailes de ánimas se habían hecho años atrás, estaba abierto iluminado y engalanado para la ocasión, pero un ambiente húmedo y frio lo envolvía todo. Caía la tarde y con ella nuestro ánimo e ilusión de que todo se arreglara. El grupo musical, aunque era de pitos, podía hacernos pasar una noche memorable que nos compensara de todo el año de espera: Pasodobles, malagueñas, sevillanas… Y, sobre todo, los nuevos bailes modernos “agarraos” y los sueltos como “la chica ye-ye”.


-          ¡Han ido a por los músicos Blas “El cocinero” en su moto Ducati 250 y Juan “el de la Maruja” …!!
-          Si en alguien confiábamos la chiquillería para aquella arriesgada misión era en aquellos dos muchachotes lanzados y sin miedo a nada. Pero pasaban las horas y aquella ilusionante noticia iba perdiendo credibilidad. Bien avanzada la tarde y como caído del cielo, llego Juan Pedro con su arquilla de dulces y sus copas de licor: fue un pequeño alivio, un toque de equilibrio… Beatriz “la colorina” y Ana Josefa abrieron sus tiendas, reconvertidas en bares para la fiesta y empezaron a servir platos de embutidos y vasos de vino tinto de grandes garrafas.
Con las últimas luces de la tarde, la puerta de la ermita se llenó de vecinos ansiosos de fiesta, aquello recordaba los mejores días de la Virgen de años anteriores, pero nada se sabía de la música ni de los valientes que habían ido en su busca.
Cuando ya todo se daba por perdido, una bicicleta bajaba a toda velocidad por la cuesta de la Ramblica y su piloto anunciaba voz en grito:

   ¡¡¡ QUÉ VIENEN LOS MÚSICOS…!!!


* Recuerdos de mi infancia, allá por los años 60,  basados en hechos reales y en las maravillosas personas tan ligadas a mis raíces.



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