La ubicación de
Almería, en una zona templada del Hemisferio Norte, en una encrucijada biológica, entre dos grandes continentes,
Europa y África, y entre dos grandes mares,
El Mediterráneo y el Océano Atlántico,
ha propiciado que desde época inmemorable sus valles y montañas, hayan
sido visitadas y ocupadas por diversas culturas y sociedades del pasado.

Estos antiguos pobladores de la provincia, han dejado abundantes muestras de su impronta, fuente de un
Patrimonio de incalculable Valor,
que se manifiesta, a través de una gran cantidad de monumentos
arquitectónicos, bienes arqueológicos y elementos etnográficos, pero
sobre todo, a través de un
Paisaje Almeriense Único.
Este Paisaje es,
Natural, porque tiene su origen en una Geología y Clima singulares, pero sobre todo,
Humano,
porque, en gran medida, se ha moldeado, durante milenios, por las manos
de los hombres y mujeres de las distintas civilizaciones que vivieron
en nuestra región.
Haciendo referencia al título de la magnífica publicación de los
hermanos García-Latorre, podemos hablar, sin equivocarnos, de una
Almería, Hecha a Mano.
Si comparamos el
Mapa de Vegetación actual con el
Mapa de Vegetación Potencial (que
sería aquel que nos encontraríamos de no haberse producido
transformaciones humanas en el medio) nos daremos cuenta con suficiente
claridad del alcance y la intensidad de los cambios en el paisaje
producidos.

Antes de la llegada del hombre Neolítico, la práctica totalidad del
territorio almeriense estaría cubierto por bosques y matorrales
naturales autóctonos.
A groso modo, en las Sierras y sus zonas aledañas, dominarían los
encinares, frente a los pinares de repoblación y terrenos agrícolas de
secano que se desarrollan en la actualidad. En los tramos medios y bajos
de los valles, hoy ocupados por vegas, se desarrollarían extensos
bosques de ribera y muchos de los ríos tendrían caudal permanente. En el
litoral, las zonas que hoy ocupan invernaderos y urbanizaciones
estarían cubiertas de densos bosquetes de matorral mediterráneo,
entremezclados con zonas húmedas, dunas y arenales mucho más extensos
que los actuales.
Encina Milenaria en Sierra de Los Filabres
Por tanto, el fascinante viaje de la
Historia de Almería, también es un fascinante viaje de cambios y transformaciones ambientales ocasionadas por el hombre.
El Indalo, el Inicio. Armonía entre Naturaleza y Hombre.
La primera etapa de este viaje nos conduciría a la
Prehistoria, concretamente al
Paleolítico,
donde grupos de cazadores y recolectores nómadas vivían de lo que la
naturaleza le ofrecía espontáneamente (animales salvajes, plantas y
frutos silvestres).
Hombres y Mujeres, que vivían en abrigos naturales, que solo
utilizaban su energía muscular, el fuego y los útiles de piedra y de
silex para sobrevivir. Realizaban pinturas y grabados rupestres, como
las velezanas de
Ambrosio y Los Letreros, en las que aparecen figuras de animales y humanas esquematizadas, como la del
“El Indalo”, símbolo almeriense por antonomasia.
Grabado Prehistórico Piedras Blancas
Estos primeros almerienses aunque intervenían en los ecosistemas y en
sus flujos de energía, debido a sus bajas densidades de población y su
forma de vida integrada en la naturaleza, no los transformaron de manera
significativa, no más que cualquier otro animal.
El Primer Milagro Almeriense, Los Millares y El Argar.
Pero si hay una etapa clave en la Prehistoria Almeriense, es el
Neolítico.
Así, miles de años antes de que los agricultores almerienses propiciarán el milagro económico de los invernaderos, allá por el
III milenio a. de C., durante la
Edad del Cobre, entre el
Río Andarax y la
Rambla Huéchar, otros almerienses, fundaban un poblado que daría lugar a la conocida como
Cultura de Los Millares,
momento donde tuvo lugar una revolución tecnológica de enorme
trascendencia para el devenir de la historia de la civilización europea,
la aparición de la metalurgia.
Más tarde, ya por el
II milenio a. de C., durante la
Edad del Bronce, también en tierras almerienses y a orillas de otro río, el
Río Aguas, se desarrolla otra cultura aún más compleja, que rápidamente se expande por el levante peninsular, la
Cultura del Argar.
En ambas culturas, Millares y Argar, se producen avances decisivos,
respecto a culturas anteriores, como son la existencia de una sociedad
jerarquizada, la intensificación de la agricultura y ganadería, la
aparición de actividades artesanales y textiles o la construcción de
fortificaciones y necrópolis de dimensiones y entidad no conocidas hasta
entonces en el Mediterráneo Occidental.

El hallazgo en los poblados de estas culturas de huesos de grandes vertebrados estrictamente forestales, como el
uro (antepasado salvaje del toro actual), el
oso pardo,
el corzo, el
ciervo o el
lince confirman la existencia aún de extensos bosques en el entorno cercano a los poblados.
A pesar de que el impacto ecológico que ocasionaron estas culturas es
bajo a escala global, parece ser que si tuvieron capacidad de
transformar el medio en el que vivían, es más, algunos autores vinculan
su desaparición con causas relacionadas con la sobreexplotación y
deterioro de los recursos naturales.
La llegada de los Hombres de la Mar. Colonias Fenicias de Abdera (Adra) o Bari (Villaricos).
Tras el colapso ambiental y desaparición de la
sociedad argarica y tras un largo período de tiempo, la civilización
vuelve a llamar a las puertas de nuestra tierra.
A principios del
Siglo I a. de C.,
Fenicios y Griegos,
llegan desde el Mar, atraídos por la abundancia de recursos naturales
de una Iberia prácticamente despoblada. En poco tiempo, a lo largo de la
costa de Almería, se establecen colonias fenicias, entre las que
destacan la de
Baria, en el actual Villaricos, y la de
Abdera, en la actual Adra. Centros eminentemente comerciales y pesqueros que mantenían a su vez contactos con navegantes griegos.
Los recién llegados traen consigo nuevos avances tecnológicos y
culturales, que rápidamente son asimilados y puestos en uso por los
indígenas iberos, lo que supone una nueva transformación del medio.
Se intensifica la minería, especialmente, en Sierra Almagrera donde
se explotan los yacimientos de plata y hierro, la agricultura se expande
a terrenos marginales mediante el cultivo de nuevas especies
resistentes a la sequía como el
olivo y la vid y, por primera vez, se comienzan a explotar los recursos marinos de forma sistemática (primeras almadrabas y salinas).
Más adelante, el control fenicio se convertiría en cartaginés cuando la civilización púnica se extendió por el SE Peninsular.
Los Fenicios llamaron al Cabo de Gata, Promontorio Charidemo (Promontorio de las Ágatas)
Todo se intensifica y de todo se apodera la codiciosa Roma.
Los romanos inician la conquista de la Península en el
218 a. de C., tras la victoria sobre Cartago, durante la segunda guerra Púnica.
Los asentamientos romanos importantes de la provincia de Almería se concentran en la costa o próximos a ella (
Abdera, Murgi, Turiana, Baria), o en los valles de los ríos,
Vergi (río Adra),
Vrci (Río Andarax),
Alba (río nacimiento),
Tagili (río Almanzora).
Con la romanización, existe un importante crecimiento demográfico,
vinculado a la aparición de nuevos avances tecnológicos, pero sobre
todo, a una explotación mucho más intensa del territorio.
En esta época se aprovechan ampliamente los recursos mineros del
territorio. En Sierra de Gádor, se obtiene Plomo y Plata; en Sierra
Almagrera, hierro, plomo y cobre, y por primera vez, en Sierra de los
Filabres, se obtiene Mármol de las Canteras de Macael y posiblemente,
oro en Rodalquilar.
Esta minería requería una enorme necesidad de madera y combustible
para los hornos de fundición y los trabajos en las minas (entibado de
galerías, construcción de maquinaria, etc.) lo que provocó que áreas
cercanas a los centros mineros quedasen ya desforestadas.
Por otro lado, en esta época, la deforestación mediante el fuego fue
el medio más utilizado para la obtención de tierras de cultivo.
La agricultura además de intensificarse se expande enormemente, a
través del cultivo de secano, de forma que algunos autores llegan a
afirmar que los romanos fueron capaces de poner en cultivo tanta o casi
tanta tierra como con la llegada de la revolución industrial.
La explotación de los recursos marinos se fortaleció, sobre todo, a través de la producción y el comercio de salazones y del
garum, sabrosa salsa de pescado y especias muy apreciada en la época.
Ruinas Salazones Romana (Torre García)
Aunque en época los bosques almerienses eran más desarrollados y
densos que los actuales, las consecuencias ambientales del uso intenso
de los recursos naturales, no pasaron desapercibidas para escritores de
la época como
Cicerón:
“Los bosques son empujados hacia las montañas y se extiende el
secano, cuyo desarrollo no beneficia este clima tan árido, por su falta
de rentabilidad; la cubierta vegetal se degrada y todo queda a pique de
colapsarse, al borde del desastre”.
El Segundo Milagro Almeriense, la creación de un Paraíso Artificial Exuberante.
Tras la caída del Imperio Romano en el
Siglo III d. de C, nuestro territorio queda sujeto a un especie de autonomía dominada por la aristocracia local. Después a partir
555 d. de C. los
bizantinos lo ocupan y en el
S. VII d. de C queda incluido dentro del
reino visigodo, no obstante, los testimonios de esta presencia en la provincia son muy escasos.
La invasión de las tribus árabes y bereberes en el año
711 d. de C. abre la larga
Edad Media Islámica, que en Almería se prolongó hasta finales del
siglo XV
y, en muchos aspectos, hasta la expulsión de los moriscos en 1570. La
llegada de los invasores musulmanes dio origen a la formación de una
nueva sociedad,
al-Andalus.
Sin lugar a dudas, fue esta época la que dejó mayor patrimonio
arquitectónico y cultural en la provincia. Ejemplo de ello son la
multitud de construcciones y restos arqueológicos que se conservan de
esta época. La huella musulmana en el paisaje almeriense es
importantísima en la provincia como así lo confirman los restos de
alcazabas, fortalezas, elementos de la arquitectura popular, acequias,
almazaras, baños y otras muestras de la cultura nazarí que aún
permanecen en toda la provincia, como son determinados elementos de
nuestra lengua, gastronomía y música.
Aunque su actuación se sustenta sobre anteriores bases romanas, esta
nueva civilización, dio origen a nuevos sistemas de explotación de los
recursos naturales y a una de las mayores transformaciones del medio
natural y del paisaje que se han producido en toda nuestra historia,
sobre todo, a través de la implantación de una nueva agricultura de
regadío, basada en innovaciones tecnológicas (acequias de careo, norias y
molinos hidraúlicos, terrazas, etc) que dio lugar a la creación de
numerosas vegas y huertas en la mayor parte de las localidades de
nuestra provincia con reminiscencia árabe.
Noria en el Playazo de Rodalquilar
Durante esta época, en parte, se prescinde de los cultivos de secano y
la ganadería se desarrolla a pequeña escala lo que pudo permitir, en
gran medida, una regeneración de la vegetación natural y los bosques
almerienses.
Prueba de ello, es el asombro del cronista austriaco
Jerónimo Münzer al cruzar la frontera entre el
Reino de Castilla y el
Reino Nazarí,en
1494, tan sólo dos años después de la toma de Granada por parte de los Reyes Católicos:
“Pasamos la frontera de Castilla el día de 16 de octubre y
entramos en el reino de Granada. Después de una jornada de nueve leguas
por una comarca de exuberante vegetación, pero sin agua y despoblada,
llegamos a Vera”
Respeto a la fauna salvaje en el reino Granada comenta:
“Los montes tienen tantos ciervos, osos, gamos, conejos y jabalíes que parece increíble”
Tenemos constancia por documentos históricos que hasta el
Siglo XVI aún vivían en la provincia el oso pardo y la extinta
encebra, équido salvaje cuya carne era muy apreciada.
El inicio del Frente Roturador.
El fin del dominio musulmán supone en nuestra historia el inicio de la
Edad Moderna.
Los
Reyes Católicos instauran la religión cristiana como única y en
1492 ordenan la expulsión de los judíos. El
siglo XVI
será especialmente difícil y peligroso para la población almeriense,
tanto por la compleja convivencia entre cristianos y moriscos hasta la
expulsión definitiva de 1570, como por la situación de frontera de
nuestro territorio entre la cristiandad y el mundo islámico.
Los grandes cambios políticos y económicos que van aparejados a la
repoblación cristiana de nuestro territorio, en gran medida se producen
en el
siglo XVII, cuando el sistema de policultivos del
regadío andalusí, pasa a un segundo plano y se instala un monopolio
señorial, basado en una agricultura y ganadería extensiva derrochadora
de tierras, lo cual conlleva una intensa roturación y nueva
deforestación de nuestros montes.
Castillo Marqués de Los Vélez
La “principal sustancia” ya no procede de los árboles, la seda y el
regadío, sino de las nuevas tierras ganadas al monte y de los cereales
de secano. Así en la Sierra de los Filabres, entre finales del siglo XVI
y 1750, la superficie cultivada llega a incrementarse en un
188%.
En el
Siglo XVIII, la pérdida de cubierta arbórea se acentúa con la llegada de la
Revolución Industrial. Comienza una nueva dinastía en España, la de
los Borbones,
que da lugar a una recuperación económica y demográfica, la cual lleva
aparejada una nueva tala de grandes cantidades de madera, con destino a
la construcción de nuevas iglesias y palacios, así como, para la
construcción de navíos para la marina real.
“Porque la absoluta prohibición de cortar maderas y árboles
podría ser perjudicial a mis vasallos, faltándoles el material necesario
para la fábrica y reparación de sus casas, para molinos y otras cosas
de precisos consumo de madera, cuya falta deseo no experimenten; los
intendentes mandarán a sus subdelegados que permitan la corta de árboles
que huvieren menester…”
(Capítulo XXX de la Real Ordenanza, de 31 de enero de 1748, para la conservación y aumento de los Montes de la Marina)
A pesar de la situación crítica de los bosques almerienses, el Cura naturalista
Antonio Jose Navarro (1739-1797), a finales del
Siglo XVIII, deja testimonio de la riqueza faunística de Sierra de los Filabres, donde aún perviven especies de fauna como
el corzo,
el lobo o
el lince, hoy extintas en la provincia:
“Venados, corzos, cabras monteses; entre los carnívoros,
omitiendo los lobos y zorras, por desgracia muy comunes, se cuenta… el
gato cerval, el linze, que en estos pueblos llaman gato de clavo. Es
aquí mayor de lo que han dicho los naturalistas, pues no sólo excede el
tamaño de las zorras, sino que algunos llegan al de un perro
perdiguero”.
El Tercer Milagro Almeriense, Fiebre Minera y Agricultura Intensiva.
El nuevo
Siglo XIX marca una oportunidad histórica. En
1833
Almería nace como provincia. La población crece espectacularmente al
hilo de la fiebre minera y se construyen nuevas infraestructuras que hoy
configuran un patrimonio arqueo-industrial de primer orden.
Vivienda Colonial en el Poblado Minero de Las Menas
La minería y las fundiciones, junto a la fuerte presión ejercida por
la agricultura sobre las zonas de bosque y matorral, provocan la
práctica desaparición de la superficie forestal en la provincia. La
magnitud de la deforestación es tan importante que
Madoz, llega a señalar respecto a la Sierra de Los Filabres:
“En otro Tiempo la sierra que nos ocupa contenía bastantes
carrascales y pinares maderables, de combustible y carboneo,
particularmente en la jurisdicción de Laroya y Macael; pero en la
actualidad sólo se ven en algunos puntos, a causa de haberse reducido a
cultivo la mayor parte de ella….”
A finales del
Siglo XIX, la metalurgia del plomo y
la minería del hierro cae en declive y la consecuencia será una fuerte
emigración al extranjero de muchos almerienses, aunque el panorama será
más oscuro durante la primera mitad del
Siglo XX con la depresión de los años treinta, el trauma de la Guerra Civil o la pobreza y miseria ligada a la dictadura de Franco.
Durante la primera mitad del
Siglo XX, los montes de
Almería, ya de por sí muy degradados por la fiebre minera de siglos
anteriores, nuevamente son roturados para pastos o para cultivar
cereales de secano por parte de esta población empobrecida.
Ante esta situación, los grandes vertebrados más singulares que aún perviven en la provincia, como el lobo, el
quebrantahuesos o el lince acaban por desaparecer.
Ante este panorama de degradación ambiental de la provincia, durante la década de los 50, el Estado inicia una gran
Cruzada Forestal,
por medio de la cual, en muy poco tiempo, son compradas y repobladas
extensas superficies con diferentes especies de pinos. Este afán
repoblador queda constatado en documentos de la época:
“Con las instrucciones recibidas y la posibilidades de la comarca
se espera repoblar anualmente 10.000 ha. Todo esto supondrá la
transformación y la redención de la fisionomía y economía de la
provincia.”
(La repoblación forestal en la zona del Almanzora (Almería). Montes, Nº100. Año 1961)
El resultado fue la implantación de formaciones forestales
artificiales en la mayor parte de las Sierras Almerienses, que, hoy día,
cumplen adecuadamente con su misión de corrección hidrológica y de
protección frente la erosión, pero muestran una baja biodiversidad y son
muy susceptibles a perturbaciones ambientales como incendios y plagas
forestales.
Foto Aérea Zona Calar Alto, antes de repoblaciones forestales (Año 1957)
Foto Aérea Zona Calar Alto (Año 2014)
A partir de los
década de los 60 se producen
profundas transformaciones en la provincia de Almería, resultado visible
de cambios de gran calado en el sistema productivo, en la organización
social, y, en general, sobre el paisaje natural de la provincia. Entre
éstos destacan, sobremanera, el despoblamiento de las zonas rurales de
interior, la atracción de la población hacía las áreas urbanas, la
ocupación urbanística del litoral y el auge y la expansión de la
agricultura intensiva y de sus actividades asociadas.
Panorámica Invernaderos Poniente Almeriense desde Sierra de Gádor
Todo estos cambios provocan, en las
últimas décadas del Siglo XX,
un espectacular crecimiento socioeconómico pero también originan
importantes afecciones ambientales sobre los ecosistemas almerienses no
conocidas hasta la fecha, tales como, la sobreexplotación y
contaminación de acuíferos, erosión litoral, introducción de especies
exóticas invasoras, fragmentación y degradación de hábitats, incremento
de incendios y plagas forestales o vertidos incontrolados de residuos.
Sin embargo, paralelamente, la sociedad almeriense y el resto del
mundo, toma conciencia del valor de los tesoros aún existentes en el
patrimonio ecológico y natural almeriense, de la diversidad y
espectacularidad de sus paisajes, de su singularidad geológica, del
interés científico de su flora y fauna….., lo que motiva que gran parte
de la provincia (más del 30% de su superficie) sea protegida a través de
la normativa internacional, europea, nacional y autonómica.
Dragoncillo del Cabo, endemismo del Parque Natural Cabo de Gata-Nïjar
Y, tras este largo viaje a lo largo de la Historia de Almería, llegamos a la actualidad,
Siglo XXI.
Como hemos visto, a lo largo de miles años, se han producido avances y
retrocesos, respecto a la relación de las distintas civilizaciones
pasadas con la Naturaleza Almeriense.
Es nuestra responsabilidad y la de las generaciones venideras, que la
actual civilización pase a la Historia como aquella que fue capaz de
restaurar el eslabón que en el pasado unía a los almerienses con su
paisaje natural, mediante la implantación de modelos de desarrollo
sostenibles en las vertiente social, económica y ambiental.