martes, 10 de febrero de 2015

TIERRAS DE RIO Y PELOTEROS Por Jema Bonillo Díaz


 
Bravos peloteros de Palacés dispuestos a ahuyentar males con sus cencerros y a labrar cualquier era.
     Nací en una tierra hermosa de la provincia de Almería, de montes amarillos y resecos. Un territorio enclavado entre la sierra de los Filabres, la de las Estancias y la de Almagro, con hitos inmutables como el azul cerro Limera o el oscuro Cerrón y otras referencias que han pasado a ser parte del paisaje como la ermita de San Miguel, el puente Yerro, el reloj de Zurgena, el castillo de Overa o la Torre de la Ballegona. Un terreno  en el que el esfuerzo humano con la ayuda del río Almanzora creó un oasis de verdor y de vida. Un lugar en el que brillan las estrellas  en la cúpula del oscuro cielo creando noches bellísimas y mágicas de paz y silencios infinitos.


     Tierra de frontera y de un río, aparentemente seco la mayor parte del año, de aguas turbias e indómitas en época de avenidas, y casi siempre pródigo en sus cimbras de aguas transparentes.

Tierra de mestizaje, donde las parejas son alcanzadas por los dardos de Cupido sin importar el término municipal en el que se haya nacido ni la distancia para visitar a la amada,  porque se puede recorrer fácilmente con los pies ligeros que da el corazón enamorado. Me contaron  que un muchacho de Zurgena fue a rondar a una chica de El Cucador. Como en épocas pasadas la riqueza de una familia se medía por el número de animales domésticos que se poseyera; el joven en cuestión, que no era un “Castelar”, se sentó al lado de la fémina objeto de sus deseos y le espetó sin que hubiera mediado más palabra entre ellos: <…pues sí…, tu padre y el mío de animales se llevan poco...>. Según palabras de mi padre, allí se acabó el noviaje. Otra anécdota graciosa ocurrió cuando mi progenitor preguntó a un amigo de Palacés, que rondaba a una chica de Overa: <…Pero, ¿se lo has dicho ya…?. >. El palacero, algo tartaja, le contestó:<no, pepero lo tengo pepensado, me sentaré a su lado y le prepreguntaré: Pa qué yo quiero saber que pa qué vengo yo aquí…>. Tengo entendido que esta relación tampoco acabó en campanas de boda. No sucedió así con mis padres (de Palacés y de la Ermita), ni con mis tías (las de Palacés se casaron con novios de la Ermita y las de la Ermita con novios de la propia Ermita, Zurgena y el Cucador), ni con mis abuelos (de Palacés, de la Ermita y de los Menas).
Peloteros recuperados en Palacés preparados para labrar cualquier era.
     Nací en Palacés, pero igual podría haberlo hecho en cualquier lugar de Zurgena como La Alfoquía, El Cucador o Los Carasoles… O en cualquier rincón de Overa como La Ermita, Los Navarros, Los Menas, Santa Bárbara o el Pilar. Mis ojos habrían visto los mismos paisajes, mis oídos habrían oído la misma música, mi olfato habría percibido los mismos aromas, mi paladar habría saboreado la misma miel y mi piel habría acariciado a la misma gente. En Navidad habría bailado los mismos bailes de Ánimas y habría disfrutado del jolgorio de las matanzas. En Semana Santa habría vivido la misma explosión de azahar, la ilusión de los ramos del domingo de pascua y las mismas meriendas en el puente Yerro. En verano me habría bañado en las acequias, habría ido de romería al Saliente y me habría enamorado en las mismas verbenas. Y, como no, en Carnaval habría sentido la misma mezcla de emoción y temor al escuchar los cencerros de los Peloteros.

     No sé si existe alguna diferencia entre Overa y Zurgena, pero de haberla, sería insignificante entre raíces comunes entremezcladas durante siglos y la que a mi parecer más significativa, por diferenciadora de otras zonas de la cuenca del Almanzora, son nuestros carnavales.

Sobre esta fiesta pagana se ha escrito mucho y bien desde Overa Viva y a esta asociación debemos la pujanza, difusión y recuperación de nuestras costumbres ancestrales como la vuelta de los osos, y  como no,  la atención y el mimo que ponen en sus comparsas, máscaras y, sobre todo, en los bravos y feroces ¨peloteros¨.
Las chicas de ayer. Overa años sesenta
     Dentro de las máscaras se engloba una cantidad de disfraces caricaturescos, irreverentes, hermosos y equívocos. Unos con representación ensayada, burlesca y llena de gracia y otros vistosos, para lucimiento de sus portadores, y donde casi nada es lo que parece: el hombre se viste de mujer y la mujer de hombre, el hacendado se viste de indigente y el sin recursos lo hace de opulencia.

Me llama mucho la atención el disfraz que recuerdo de oso, dada la gran distancia que existe entre nuestras latitudes y las del hábitat natural de los plantígrados. Esta caracterización se realizaba en Palacés, con personas envueltas en zaleas de oveja,  atadas con cadenas y conducidas y a la orden de su domador. Improvisaban toda suerte de gracias y piruetas ordenadas por el mismo, allá donde tuvieran un público al que entretener.

¡Qué decir de los peloteros…! las estrellas del festejo, que con sus camisas femeninas, sus estrafalarias caretas, los cencerros atados a la cintura y un palo cuyo tamaño dependía de la fuerza y la fiereza de su portador (mi padre llevaba el timón de un arado), siempre en cuadrillas y formando un gran estruendo, ilusionaban, divertían y asustaban por igual a jóvenes y ancianas. Me contaba mi abuela Inés (de los Menas) que cuando era joven vio a un intrépido vecino encamisado que llevaba en la cabeza un ¨apartaor¨, al que había sujetado dos guitas y en el extremo de cada una de ellas pendía atada una rana viva. No es de extrañar que, a pesar de que nunca se propasaran con ninguna mujer, se les temiera.
Bravos peloteros de Palacés dispuestos a ahuyentar males con sus cencerros
      Los peloteros de Zurgena recogían a los de Palacés para reunirse con los de Overa. Una vez congregados visitaban las tabernas donde bautizaban con vino sus gaznates y sus camisas, con el cuerpo caldeado y los ánimos aún más, recorrían barriadas y cortijos en busca de las muchachas. Éstas, se escondían juntas en una casa y hacían todo lo necesario para ser descubiertas. Los mozos, con gran algarabía de gritos y cencerros, conseguían rendir la fortaleza mediante alguna traidora que en un descuido de las demás quitaba las dos vueltas de la llave y, si no era así, los briosos jóvenes no reparaban en forzar una puerta o arrancar una ventana con tal de dar un casto abrazo a todas las mozas sin reparar en si estas eran feas o guapas. Para entretenerse mientras buscaban a las chicas, los de Palacés hacían lindezas tales como labrar una era con un mozo al mando del arado y otros tirando del mismo… Todos los despropósitos realizados por los portadores de cencerros eran mirados con comprensión y simpatía porque, dada la nobleza de los hombres de estas tierras, cualquier destrozo ocasionado, era convenientemente pagado o reparado por los autores del desaguisado.

     La tolerancia en estas fechas era de manga ancha, como lo demuestra un suceso en un carnaval de la Ermita allá por los años cincuenta. Mi tío José el Pardo se dirigió a los alrededores de la iglesia, lugar en el que se concentraban todos los espectáculos de máscaras, portando un carretón en el que iba un mozo liado en una manta al que sólo se le veía la cabeza y gritaba:<¨pescaaaaao¨, ¨pescaaaaao¨>. Cuando más gente había agrupada mirando, volcó el carretón y apareció revuelto con la frezada el joven mozo de Juana la Yesera como dios lo trajo al mundo. Ante los gritos y risas de los presentes, el muchacho salió corriendo en cueros vivos y como alma que lleva el diablo desapareció entre los naranjos. Cuando le pregunté a una de mis tías si la gente no se ofendía ante tales espectáculos, me contestó sorprendida que no, y que el que no quisiera ver cosas como esa que no fuera al carnaval…

La similitud  de nuestras costumbres en asuntos de máscaras con las de toda la cornisa cantábrica: Cigarrones, Peliqueiros y Pantallas en Galicia… Zamarracos en Cantabria… Joaldunak en Pais Vasco y Navarra ,las Trangas en huesca e inclusolos Kurent en Eslovenia, danzas de osos en Rumanía y Mamuthones en Cerdeña, parece dejar claro que nuestro carnaval fuera importado de tierras del norte con las sucesivas repoblacionesque se llevaron a cabo en la zona a partir del sigloXVI, como consecuencia de la despoblación que se produjo con la expulsión de los moriscos.

El carnaval norteño en el que encuentro más similitudes  con el nuestro es el de Bielsa, pueblo pirenaico de la provincia de Huesca, en el que los personajes fundamentales del festejo son:  las Trangas, Osos y Madamas.
Llenos de fuerza y valor, los osos de Overa, anunciando primaveras.
 -Las Trangas son interpretadas por mozos solteros del pueblo. Se visten con una saya o falda larga, abarcas, la espalda la cubren con zaleas de macho cabrío.La cabeza también la cubren con dicha piel,en la que además colocan la cornamenta del animal.Se completa el disfraz con cencerros atados a la cintura y un palo con el que atemorizan a los presentes. Simbolizan la virilidad y la fertilidad.

-Los osos, cubiertos con zaleas de oveja,atados con cadenas y guiados por su domador simbolizan la fuerza, el valor y la llegada de la primavera.

-Las Madamas son las mozas solteras, ataviadas con trajes en los que predomina el blanco, como símbolo de pureza, que combinan con sedas, brocados, rasos y cintas de colores. Complementan su atuendo con collares y pendientes.

Los paralelismos entre peloterosy trangas y los osos de los dos carnavales, me parecen bastante significativos. En cuanto a las Madamas, me recuerdan un disfraz típico de las jovenes de Palacés: las Gitanillas. Las mujeres solteras y las niñas se caracteterizaban con faldas multicolores o lujosas  enagüas blancas, mantoncillos de Manila, collares y pendientes vistosos y el pelo adornado con coronas de flores de papel, flores de almendro, lazos y cualquier adorno brillante o bonito.

Todas las mascaradas a las que he aludido tienen como nexo común: el oso, las zaleas (pieles de ovejas, carneros y machos cabríos, curtidas conservando el pelo), los cencerros,la cabeza cubierta con los más estranbóticos atavíos,rudimentarias armas intimidatorias como fustas o varas y, en algunos de ellos como los joaldunak y las trangas, las enagüas y las sayas femeninas.  El objetivo común de todos los elementos enumerados es: ahuyentar los malos espíritus, desterrar el año pasado, despertar la naturaleza con el sonido de cencerros y cascabeles y preparar el camino al año entrante . Opino que sería y puede seguir siendo tambien la finalidad de nuestros antiguos y nuevos carnavales.

Existe tambien un culto primitivo al oso como símbolo de fuerza, virilidad y fecundidad,cuyo rastro se encuentra en toda Europa y que se manifiesta en festejos que coinciden con el fin de la hibernación del animal y la proximidad de la primavera. Este culto, según la teoría del  profesor de la Universidad de Iowa, Roslyn Frank,estudioso de los carnavales vascos, es un vestigio que data del paleolítico y que habría mutado en el transcurso de los siglos adaptándose al carnaval.
Feroces pelotero de la Ermita de La Concepción, listo para abrazar a todas las mujeres que se le pongan por delante...
     De todo lo expuesto, parece lógico pensar que las repoblaciones en nuestra  ¨zona de osos y peloteros¨, se llevaran a cabo con gentes procedentes de pueblos pirenaicos o cántabros, pero cuando he viajado por esos lugares me ha llamado la atención la gran diferencia existente entre las magras y adustas mujeres de pelo y ojos oscuros del norte y las mujeres exuberantes y en un buen porcentaje de piel, pelo y ojos claros de nuestra tierra. En mi opinión, tenemos más parecido físico con los centroeuropeos que con los españoles septentrionales .

No sé cómo ni por qué hemos llegado a ser como somos, corresponde a gente más sabia que yo investigar y escribir la historia, pero me siento orgullosa de mis raíces, de mis tradiciones y de la gran manifestación cultural que suponen nuestros viejos carnavales.

En la actualidad, las farsas de osos, peloteros,comparsas y mascaricas de curú curú gozan de una magnífica salud en Overa. En la Ermita y Palacés volvieron a sonar los cencerros en 2014 y volverán a hacerlo este año junto con todo tipo de disfraces. En Zurgena hay un magnífico concurso de comparsas y las gitanillas han evoluvionado al traje de volantes.

Espero y deseo que reaparezcan los osos en las zonas en las que aún no lo han hecho, que los peloteros abracen a las mujeres de todas las localidades en las que, por siglos de historia,son patrimonio y seña de identidad y que los cencerros y los osos sigan ahuyentando males y anunciando primaveras en tierras que, con todo derecho, pueden llamarse de río y peloteros.

                                                                                             San Javier 21/1/2015