lunes, 29 de octubre de 2012

LA LECHUZA COMÚN DE OVERA. Por José Luis Molina Pardo



La lechuza común (Tyto alba) una rapaz frecuente en Overa.

Lechuza común. Tyto alba.

        La dama de la noche, un sinfín de leyendas tras su espalda, una de las aves más bonitas que podemos encontrar en nuestros campos y en nuestros cortijos.  Como todos sabéis pertenece a un grupo muy conocido, al de las rapaces nocturnas.  Es un ave que está presente todo el año en Overa, un ave residente.  Su tamaño es mediano,  pudiendo alcanzar unos 40 cm de longitud y casi un metro de envergadura alar.  Si descubrimos su silueta, en alguno de sus posaderos habituales  o escondida en la penumbra de su dormidero, nos llamará la atención al momento, su postura esbelta (casi recta) y ver que se trata de un animal un tanto cabezón.  Si tenemos la suerte de observarla mejor, a plena luz del día, a nadie dejará indiferente, pues nos fascinará su belleza,  la primera característica en la que repararemos será su gran disco facial en forma de corazón y las bonitas tonalidades de su plumaje,  dominado en su zona inferior por un color blanco puro y adquiriendo en sus partes superiores tonalidades amarillo-rojizo.
Polluelos de lechuza común. Puede llegar a tener hasta 7 polluelos.

       A simple vista, es complicado diferenciar ambos sexos, pero podemos aventurarnos a distinguirlos, sabiendo de antemano, que  las hembras son algo más grandes que los machos  (algo usual en rapaces) y atendiendo a su coloración, estos últimos  suelen tener colores más claros.

       Es un ave de hábitos nocturnos y crepusculares,  mucho más fácil de escuchar  que de ver. Su canto es muy característico y al percibirlo por primera vez, en el silencio sordo de la noche, puede llegar a intimidar;  algo parecido a un lamento, que tengo marcado desde niño, y que no en pocas ocasiones, vecinos han huido aterrorizados de sus cortijos sin saber qué tipo de ser sobrenatural era capaz de emitir tales sonidos. Es algo puramente anecdótico, basado en parte en la falta de conocimiento de la especie,  pues se trata de un ave inofensiva y muy útil para nosotros, como demostraremos más adelante.


       Respecto a su reproducción podemos destacar una peculiaridad, algo que cómprate con otros grupos de aves, y es que tanto los tamaños de las puestas (que suelen oscilan entre 3 y 6 huevos), como la determinación de si se emprende el proceso reproductivo o no, depende directamente de la cantidad de alimento disponible; es decir que en años secos como este pasado, en los que no proliferen las comunidades de roedores, si no hay alimento suficiente, la pareja decidirá conjuntamente que no se reproduce y si las condiciones otro año son optimas, será capaz de sacar dos polladas  adelante, con puestas abultadas, lo que significa un gran numero de descendientes. La lechuza es capaz de poner gran numero de huevos  y además, empieza a empollar desde el primer momento,  así que no es difícil encontrarnos al llegar a su nido, pollos de tamaños dispares, e incluso a veces, algunos ya grandecillos junto a huevos que aún no han eclosionado. Este ave puede conseguir, como vemos, unas tasas de fecundidad muy grandes, siempre que las condiciones sean favorables, algo importante de cara a su supervivencia, pero que tiene como contrapartida unas tasas enormes de mortalidad entre sus jóvenes.
Es una rapaz nocturna, de majestuoso y sigiloso vuelo.

       Su vuelo es sigiloso, pues tiene las plumas desflecadas para no alertar a sus presas durante sus cacerías,  lento y elegante, lo que le confiere ese aspecto majestuoso  que siempre ha suscitado ante nuestros ojos, un ambiente misterioso, casi místico... a su alrededor. Al verla volando, parece casi completamente blanca, destacando su gran cabeza, su cola corta y sus alas grandes y redondeadas.  Salen de sus dormideros al anochecer y no es difícil verlas volando sobre nuestros caminos a última hora del día.

       Una de estas leyendas afincadas en Overa era, que las lechuzas, aprovechando la oscuridad del ocaso,  entraban en nuestras iglesias y se bebían el aceite de las mariposas (lámparas de aceite) que iluminaban el sagrario;  una historia bonita para nuestra cultura popular, pero que nada tiene que ver con la realidad,  se trata de un ave que se alimenta exclusivamente de ratoncillos, pajarillos y algún que otro insecto y para la que el aceite de estas lámparas, no es un bocado nada apetitoso, esto era más consecuencia de que en época de hambruna, cualquier oportunidad era buena en nuestras gentes para coger un poco de aceite, con el que poder freír una buena sartén de patatas y tener algo que poner sobre la mesa.

Estamos ante un ave protegida y por desgracia,  nos encontramos en nuestros días con poblaciones  en un estado más que preocupante.. La Lechuza,  es una especie que tenemos la suerte de poder disfrutar en nuestras latitudes, que debemos y tenemos la obligación de preservar.

Su dieta:

Referente a la su alimentación os voy a comentar un pequeño estudio que hice junto a un compañero de la facultad y buen amigo,  Miguel Ángel Dionisio.
Medición de egagrópilas de lechuza

        La forma más usual de estudiar la alimentación de este tipo de aves, es mediante el analisis de sus egagrópilas. Las egagrópilas son básicamente unas bolas, formadas por alimento no digerido, que muchas aves, cuya alimentación es principalmente carnívora, tras ingerir las presas, regurgitan después esas partes duras que no han podido asimilar; normalmente se trata de pelos, plumas, huesecillos y exoesqueletos de insectos. No solo las rapaces expulsan egagrópilas, también lo hacen muchas más especies como las urracas, los abejarucos o la carraca europea. Estas egagrópilas tanto por su forma y tamaño son fácilmente identificables; en nuestro caso, las egagrópilas tienen una forma bastante redondeada ( 3cm de longitud  como tamaño medio, unas de 2cm y las de mayor porte de hasta 6cm),  por  tratarse de un hábitat antrópico donde las hemos encontrado y viendo a simple vista que porta cráneos completos (las rapaces las nocturnas tiene un PH en el estomago menos ácido que las diurnas y como consecuencia de esto, quedan muchas más partes enteras en sus egagrópilas) ya nos podemos dar cuenta que estamos ante las egagrópilas de un ejemplar de  lechuza común.


El estudio de las egagrópilas nos da información sobre la dieta de la lechuza
        El estudio lo hemos realizado con una pareja de lechuzas residente en Overa y durante el periodo invernal 2012. Se trata de un estudio que nos puede dar solo una aproximación, tanto de la alimentación de este ave, como de las comunidades de micro-mamíferos presentes en la zona. Las parejas de lechuza pueden tener una alimentación algo diferente unas de otras, dentro de unos patrones, aun encontrándose en territorios contiguos, es decir, que no se puede deducir que esta concretamente, sea la alimentación de todas las lechuza en Overa, pues para esto deberíamos tener un numero muestral “n” muy grande, vamos, estudiar las egagrópilas también de las demás parejas que cubren el territorio, pero aún así, es interesante pues sí nos podemos hacer una idea de la alimentación de esta especie en nuestra tierra.



Su alimentación se basa en pequeños roedores.


         Lo que hicimos básicamente es ir recogiendo periódicamente las egagrópilas de la lechuza durante el periodo invernal (suelen expulsar dos por noche, una en uno de sus posaderos habituales y otra, al final de la noche, en la zona donde descansaran durante el día)  y analizar posteriormente una muestra de las egagrópilas recolectadas. Éstas se pueden tratar en seco o en húmedo, en nuestro caso fue en húmedo. Lo que se hace es que se meten las egagrópilas en agua jabonosa y se dejan unos minutos; luego con ayuda de unas pinzas vamos separando la egagrópila y sacando los huesecillos que nos encontramos. Tras esto, con ayuda de una clave para la identificación de huesos, examinamos y determinarnos lo que hemos encontrado. 
Estudio de los huesos encontrados en las egagrópilas. Dieta muy variada.

Como podemos ver la dieta es muy variada entrando en ésta topillos, musarañas, ratas y ratones. En época primaveral, me consta, que su alimentación suele variar un poco y entran más pajarillos, pero siempre suele ser dominante, como muestran las imágenes, el número de roedores encontrados. 

Es como vemos, la lechuza, una especie que está de nuestro lado, un aliado que sin ser del todo consciente, nos ayuda, pues tiene un rol muy importante en el control biológico de estas comunidades,  siendo así muy beneficiosa para nuestras casas y tierras, dando algo muy importante, equilibrio; manteniendo a raya las poblaciones de roedores y evitando las explosiones demográficas que resultan siempre tan dañinas para la agricultura. Agricultura, ahora un tanto olvidada, pero que durante tantos y tantos años ha dado de comer a nuestras familias.

VÍDEO DE LA VIDA Y POLLUELOS DE LECHUZA COMÚN.... PINCHA AQUÍ

 Fotos de M.A.Dionisio y J.L. Molina