sábado, 26 de noviembre de 2011

DATOS GEOGRÁFICOS DE OVERA por Agustín Juan Bonillo.

       GEOGRAFÍA
                                                             
                                                                          
Entre naranjos y palmeras. Fotografía J.Pardo
             Overa se encuentra enclavada en el sector meridional del término municipal de Huércal-Overa. Overa, como núcleo de poblamiento claro y definido no existe en realidad, sino que, bajo este término se agrupan varias unidades de poblamiento rural como Los Navarros, Los Menas, El Pilar, Santa Bárbara y, aunque en la otra orilla del río, por proximidad geográfica y afectiva,  La Concepción o Ermita. De entre estos núcleos, Los Menas ha ejercido a lo largo del tiempo la función de subcentro comarcal (e incluso se le ha llegado a identificar con el topónimo de Overa), al ser el lugar más densamente poblado y reunir, dentro de sus limitaciones, la mayor cantidad de servicios sanitarios, educativos o deportivos. Paradójicamente, pese a ser una entidad rural, la mayoría de su población activa se inserta, desde un punto de vista  socioeconómico y en consonancia con las constantes de las economías española y europea, en el sector terciario o servicios, desempeñando sus profesiones (comerciales, sanitarias, educativas, jurídicas, administrativas…), generalmente, en las localidades próximas. Las actividades agrícolas, tan vitales en el pasado, quedan relegadas, en la mayoría de los casos, a un elemento secundario y complementario de su economía.

CLIMA
 El clima de Overa se inserta dentro de las características generales del Sureste español, es decir, es un clima mediterráneo
en su variante subárida. Las temperaturas suelen ser suaves todo el año, aunque el verano es extremadamente cálido. Las precipitaciones son escasas, no superando los 250 mm anuales. A continuación ofrecemos un escueto análisis.


Las palmeras nos recuerdan nuestro clima subdesértico. Foto:J.Pardo


Precipitaciones entre las isoyetas de 200 y 250 mm.. Estas escasas precipitaciones vienen determinadas por la ubicación dentro de la Península Ibérica de Overa, alejada de la influencia de las masas de aire húmedo de origen atlántico y con una serie de béticos frenos orográficos que dificultan, aún más, su penetración. Los frenos más inmediatos serían, al Norte, Sierra  de las Estancias, al Sur las estribaciones orientales de la Sierra de los Filabres, y hacia el Este la Sierra de Almagro. Esto hace que las escasas precipitaciones se deban mayoritariamente a tipos de tiempo borrascoso procedentes del Mediterráneo (entre nuestros mayores se refieren a las “nubes mojaqueras”).

Las nubes, siempre espectaculares en Overa.  Foto: Ana García
      Por otro lado, la irregularidad, no solo anual sino interanual, sería otra característica del régimen de precipitaciones de la zona (observaciones de la estación meteorológica de la vecina Zurgena así lo atestiguan: en 1961 -63mm.- y en 1973 -925mm-). Así los endémicos períodos de lluvias escasas, se ven salteados por períodos de sequía extrema como entre 1845 y 1850, 1859 y 1861, 1875 y 1878, 1889 hasta el más reciente de 1961 (todos ellos, períodos caracterizados por la emigración), acompañados de perniciosas avenidas o riadas (derivadas de temporales de “gota fría” meteorológica, de origen mediterráneo, y de especial incidencia en el mes de octubre), como en los años 1871, 1879, 1904 o, la más cercana de 1973.


Puente de Hierro (Santa Bárbara) tras la riada de 1973

Escasos días de lluvia al año con media de 34’6 días de lluvia, el mayor número en primavera, seguida del invierno con escasa diferencia respecto al otoño. No suele llover en julio.
Son poco usuales las precipitaciones nivosas, como la rareza de enero 2007.
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Temperaturas: la temperatura media de Overa se encuentra en torno a los 18ºC. El mes más frío suele ser diciembre (10º aproximadamente) y el más cálido agosto (con 27º o 28º de temperatura media mensual), con un promedio de oscilación térmica anual de 18ºC. En los meses invernales son raras las heladas, pero ello no quiere decir que no estén presentes ocasionalmente, con sus consecuentes efectos desastrosos para el importantísimo cultivo de cítricos del entorno. Los veranos son tórridos, con puntas en los meses de julio y agosto que pueden alcanzar los 44º o 45º, más persistentes cuando se desplaza una masa de aire anticiclónico, seco y cálido, de origen sahariano.





GEOLOGÍA  Y SUELO
Originalmente Overa, como gran parte del sureste español, se asienta sobre tierras originalmente bajo el mar, pero que, a lo largo del período Plioceno (era Terciaria, entre 12 y 1 millón de años) y durante el Pleistoceno (en la era Cuaternaria – entre 1 millón y 35.000 años-), se fueron colmatando de sedimentos procedentes del desgaste de las grandes cordilleras (Béticas) surgidas en la era terciaria, fruto del plegamiento alpino. Por su ubicación, próxima a las zonas de fricción entre las placas tectónicas euroasiática y africana, y debido a la presencia de una falla de desplazamiento que recorre el Sureste español, la sismicidad no es un fenómeno extraño en el lugar, aunque su incidencia no suele ser catastrófica, pese a la evidencia histórica de algún fuerte terremoto, como los documentados en 1864 y 1893 que provocaron derrumbes de casas, aunque sin pérdidas humanas.
La agricultura en Overa siempre se ha adaptado a las necesidades del momento. Foto: J.Pardo
En cuanto a los suelos, estos son predominantemente aluviales, integrados en un glacis de origen wurmiense (la glaciación Wurm tuvo una cronología entre 100.000 a 15.000 a. C), formados por aluviones arenosos, limoarenosos y limo-arcillosos, en cuya acumulación interviene profundamente la utilización de las aguas de avenida para regar los campos de cultivo. En general, estos tipos de suelos son fácilmente erosionables por su escasa capacidad de retención del agua y, fundamentalmente,  por la escasez de vegetación.


VEGETACIÓN NATURAL
 La vegetación natural del entorno de Overa está lógicamente determinada por las características climáticas, propias de zonas subáridas y con temperaturas suaves. Así, allí donde el cultivo lo permite aflora un matorral claro de retamas, esparragueras, esparto, albardín y tomillos, salpicados por chaparros y acebuches, en cantidades cada vez más limitadas. En las zonas próximas a la sierra de Almagro, al destruirse el primitivo encinar-acebuchal-algarrobar, se ha ido extendiendo el pino carrasco, pero más por el
proceso humano de repoblación, durante la centuria del siglo XX, que por su adaptación natural. 

UN CULTIVO TRADICIONAL EN OVERA: EL CULTIVO DE LA NARANJA
Desde las primeras décadas del siglo XX, en los valles del Almanzora y del Andarax, empezaron a extenderse en el regadío una serie de cultivos comerciales orientados hacia la exportación, que revolucionaron los sistemas de cultivo anteriores (moreras). Pero la gama de estos cultivos comerciales fue muy restringida, reduciéndose fundamentalmente a los agrios. Estos cultivos arbóreos se desarrollaron a costa de otros como el olivar (tendencia que se está invirtiendo en los últimos años del siglo XXI) u ocuparon la mayor parte de las tierras regadas.
En cuanto al origen de estos cultivos en Overa hay que reseñar su antigüedad, remontándose a época musulmana, pero quedaba reducido a pies sueltos en pequeños huertos familiares o en jardines como planta de adorno.
El cultivo del naranjo ha identificado a Overa en el último siglo. Foto: Juan Pardo

        Las primeras plantaciones regulares de las que se tiene noticia se sitúan a finales del siglo XIX. El cultivo con fines comerciales se introdujo en Overa, y en el valle del Almanzora, como influencia de la zona levantina y, especialmente, de Murcia. Según García Asensio, a finales del siglo XIX  se arrancaron los olivos en el pago de Overa para poner naranjos, cuyos rendimientos eran más positivos. Desde aquí el cultivo se extendió a Zurgena, Antas, Cuevas de Almanzora y, más tarde, a Vera, es decir, en los municipios más orientales de la comarca. Posiblemente, desde 1920 hasta la Guerra Civil española, la expansión de los agrios se hizo más rápida que en los años anteriores, coincidiendo con la expansión general que dicho cultivo experimentaba en la provincia de Almería, como indica Bosque Laurel.
Las variedades más empleadas en estas primeras plantaciones fueron las del grupo de las “comunas”(blanca, imperial, etc.) y la “castellana”. Todas ellas se adaptaron bien a los diferentes tipos de suelos y no requerían labores muy delicadas de cultivo. Algunas de estas plantaciones han llegado hasta nuestros días, siendo, por tanto, las más viejas entre las variedades actuales. La Guerra Civil y la segunda Guerra Mundial motivaron un paréntesis en la expansión de estos cultivos. Una vez pasada esta crisis, la creciente demanda de agrios por parte de países europeos como Alemania, Francia, Gran Bretaña…., provoca un fuerte desarrollo de este tipo de cultivo, el cual conoce su segunda y más importante fase de expansión, sobre todo en la década de los 50 y primeros años de los 60. En paralelo a esta expansión del cultivo se produjo un cambio en las variedades de naranjas empleadas en los primeros cultivos.
La naraja ha sido el cultivo principal de los pagos de Overa durante gran parte del s. XX. Foto: David Diaz Parra
                                        Así frente al anterior predominio de las “comunas” y “castellana”, ahora se utilizará la variedad Navel y similares, debido a su más fácil comercialización, a pesar de que es más sensible a los vientos de poniente que barren con frecuencia el valle del Almanzora y de que resisten menos la salinidad del agua utilizada para los riegos. Pero la variedad no sólo ha ocupado la mayor parte de las nuevas tierras dedicadas al cultivo de naranja, sino que se han cambiado muchas plantaciones antiguas por este otro tipo de naranjos, de tal manera que esa variedad y similares son predominantes sobre las demás. Junto a la Navel se han introducido, pero más tímidamente, otras variedades como la satsuma, la salustiana, la sanguina y la clementina, del grupo de las mandarinas, pero con una reducida extensión. No hay que olvidar la expansión de los limoneros entre los años 70 80, debido al mejor precio alcanzado por el limón, de tal manera que algunas plantaciones antiguas de naranjos se reinjertaron con limoneros o se replantaron exclusivamente de éstos.

       Desde la década de los 90 la crisis de los cítricos afecta a Overa y sus pagos. Varios pueden ser los factores que lo explican: la caída de precio en origen, elevación costos de producción (aumento del precio de fertilizantes, de la mano de obra para labrado, tala o corte del producto, aumento del precio del agua de riego, cada vez más escasa y de peor calidad…), arbolado muy antiguo y en parcelas de reducido tamaño y difícil accesibilidad, relativo abandono del mantenimiento de cauces o acequias de riego, etc. Esto genera un paisaje nuevo de parcelas (o bancales) abandonadas, con arbolado seco, o, en el mejor de los casos, replantadas de olivos,  con cultivos comerciales de hortalizas como la lechuga, haba… y el temor de la llegada de la especulación urbanística. Especulación urbanística, que se abre en el horizonte como la principal amenaza de ese paraíso humano y natural que es Overa en su conjunto, donde bajo el espejismo de la llegada de un bienestar generalizado a golpe de ladrillo, la experiencia cercana y lejana solo nos conduce a la medra interesada de unos pocos y a la degradación, a medio y largo plazo, de las condiciones de vida y coexistencia de la mayoría (inseguridad ciudadana, degradación medioambiental, pérdida de señas de identidad….)

EL AGUA UTILIZADA PARA EL REGADÍO tiene distintos orígenes. En primer lugar, la proporcionan una serie de fuentes o pozos en terreno cárstico, que suministran un caudal mucho más fijo y permanente que el del curso del río Almanzora, y que, ya desde el pasado, fijaron pequeños núcleos de población y, alrededor de ellos, unos cultivos de regadío. Su importancia es vital para el mantenimiento de los cultivos, llegando a ser en el pasado reciente origen de conflictos que, desgraciadamente, llegó a suponer la pérdida de alguna vida.

El rio Almanzora ha sido la fuente de vida de Overa desde sus origenes. Foto: A. García

                                                                                                  
Otro origen del agua para el riego está en el curso del río, de donde se saca mediante presas (o grandes “parás”) y se conduce hasta los campos de cultivo por medio de una boquera que tiene una pendiente un poco inferior a la del cauce del río, lo que permite regar los pagos ribereños. Pero este regadío está sometido a las fluctuaciones estacionales, e incluso mensuales, del caudal del Almanzora, por otra parte muy irregular, siendo más habitual en los últimos años un cauce seco. De tal manera que solo en invierno este regadío tiene una cierta regularidad, ya que durante los meses veraniegos es usual que el cauce esté seco, al menos en los cursos medio y bajo del río.
Estado actual de la Cimbra  de Overa.

      Para paliar esta sequedad estival, que tiende a hacerse anual, se aprovechan las aguas subálveas que circulan entre la potente masa de aluviones (gravas y arenas) que recubren el fondo del río y de algunas ramblas. A este fin se construyen pequeñas galerías que cortan el lecho del río, a nivel de la roca impermeable subyacente, de manera que en ellas se recoge parte de las aguas intraformacionales que circulan por la masa de aluviones y son conducidas hasta las mismas boqueras que sirven para canalizar el agua del río cuando discurre por la superficie. Estas galerías son llamadas “cimbras” o “zanjas” y son del tipo “foggaras” que existen en las zonas subáridas del norte de África y del sur de Italia.
La agricultura tiene que volver a ser uno de los pilares económicos de Overa. Foto: J.Pardo