sábado, 25 de febrero de 2017

ESTAMPAS DE MI NIÑEZ: EL ESPERFOLLO. Por Juan Pardo Valera


   Un recuerdo muy vivo, una estampa grabada en el albúm de mi vida de mi infancia y juventud más lejana, es la del ESPERFOLLO en Los Ballestas, La Concepción (Overa).
    Ya sabéis que se trata de quitarle la envoltura, las perfollas, a las panochas de panizo (maíz). Los vecinos acudían a ayudar, con el aliciente de la conversación, la música… y de que si te salía una panocha “colorá”, te permitía abrazar a las mozas/mozos presentes… Las panochas se había traido de los bancales en los grandes serones sobre mulas y borricos. Acumulandose en un gran montón en la puerta de la casa...

Solían reunirse todos los vecinos por la tarde-noche (una vez se había acabado las faenas agrícolas) en torno al gran monton de pañochas sin esperfollar sentados en sillas bajas o en el suelo. Los jóvenes se solían encargar de subir las panochas desperfolladas a las cámaras y extenderlas por los suelos para que terminaran de secarse.
Pero todos atentos a las bromas, gracias, chistes, historias que (sobre todo los mayores..) se iban contando... Y todos mirando con el rabillo del ojo a ver a quien le salía una panocha colorá...
El abrazo (a veces con beso..) era todo un jolgorio y se celebraba por todos los presentes.. a veces corría hasta un trago de anís... Y eran comentados toda la noche (y durante semana...) los abrazos más picarones o entre posibles futuros noviazgos...

Compartimos esta costumbre, ya convertida en perdida tradición con los pueblos agrícolas de nuestra vecina Murcia...

Aquí tenéis un poema de Luis Orts, otro clásico nacido en La Ñora, que trata del tema:

EL ESPERFOLLO
-¡Vaya un trajín y un jaleo
qu'hay, Mari Pepa, en ca El Zorro!

Toas las mozas del partío
están en el desperfollo.
Hay coplas de picaillo,
canciones cantás a coro
malagueñas y parrandas,
pero parrandas, ¡demonio!
de aquellas que se cantaban
en nuestros tiempos de mozos,
con tóa su sal y su ese,
que nos daban tanto gozo.

Luego se armó un rebullicio
de chillíos, y el Bartolo,
tu hijo, qu' es tó un burrucho
de los que ya quean pocos,
se puso de pié de un sarto,
dio un repullo contra un tronco
como pa tomar más juerza,
relinchando como un potro
y enseñando una panocha
colorá, cruzó to el corro
y se fue flechao a Fuensanta ...
Y como si fuera un loco
le dio un abrazo tan fuerte
que el mesmo Patricio el Zorro
tuvo que desengancharlo
con la horqueta, poco a poco.

-¿No me oyes, Mari Pepa?
-¡Claro, Pencho, que te oyo!
-¿ Y que te paece? -¡Ná!;
¡Qué he de icirte!, que Bartolo
es tu hijo, y es sabío
que la rama sale al tronco.
¿Es que ya no te recuerdas
como nos hicimos novios?
-Tiés razón, no m'acordaba
que salió de un desprefollo.
Pos, mira lo que te digo:
enciende la lumbre pronto,
coge un capazo tomates
y un conejo qu'esté gordo,
y hazlo frito, qu'entremedias
voy a llamar al Bartolo
pa celebrarlo esta noche.
¡Y que viva el esprefollo!

Luis Orts