sábado, 12 de septiembre de 2015

EL NOMBRE DEL RIO ALMANZORA. Por Pedro Perales Larios



      


       Una tarde de invierno de 1985, estando en el precioso pueblo murciano de Moratalla, leí una leyenda que sostiene que el nombre del río Almanzora procede de la frase "Amanzor llora", lo que no deja de ser eso, una leyenda, pero me gustó y le escribí este romance.

EL NOMBRE DEL RÍO ALMANZORA
(Leyenda popular)

Tiene nombre el Almanzora,
según cuenta la leyenda,
porque al venir Almanzor
muy cansado de una guerra
se detuvo a descansar
del río bastante cerca.
Cuando el sueño comenzó
a hacer en él débil presa,
retiraba su ganado
una pastora muy bella,
y como él tuviera oído,
porque la fama es ligera,
que en las mujeres del río
hizo cuna la belleza,
saltó veloz el joven rey
y raudo corrió tras ella.

 
Asustóse la pastora
al ver tal prole guerrera
y le rogó al hechizado
diciendo de esta manera:
-¡No me forcéis, mi señor;
mirad que aún soy doncella!
Si de mí quisieras algo,
yo te daré cuanto pueda
sin herir mi honestidad
y sin manchar mi pureza.
Le detuvo al rey galán
la súplica tan ingenua
pensando que esas palabras
las dice mujer sincera,
ordenando a la pastora
permanecer a su vera.
Amedrentada la moza
no respondió cual debiera
por la pena que en su alma
hermanó con la tristeza.
Advertidos dos pastores
que andaban por la ribera,
piensan rescatar la joven
sin dar al flechado tregua,
y cuando osados deciden
dar principio a su empresa,
comienzan las caracolas
a resonar por las huertas
y de un pueblo a otro pueblo
se da la alarma en la vega:
-¡Bravas aguas trae el río!
¡Habéis de cuidaros de ellas!”
Prestos corren los pastores
a darle la mala nueva
al rey Almanzor herido
por una amorosa flecha
que le lanzara Cupido
desde el alto de la Sierra.

 
Se apresura el rey guerrero
a dar a los suyos fuerzas
para huir por caminos,
por atajos y otras sendas,
y escaparse de las aguas
que les cogen delantera.
Reina allí la confusión
y este momento aprovechan
aquellos buenos pastores
para robar la doncella
llevándola entre las aguas
que aún no bajan con fuerza,
antes de que la crecida
cruzarlas les impidiera.
Adviértelo el desgarrado,
pero ya lejos la llevan;
y al querer pasar el río
las aguas crecidas llegan.
Se le parte el corazón,
la sangre rompe sus venas
y, abriéndolos, de las órbitas
los ojos le salen fuera.
No les puede dar alcance,
la furia del él se apodera
y rotas bajan dos lágrimas
por el rostro de la fiera.
Lo ven llorar los pastores
y dolida el alma les queda
de ver tan garrido mozo
llorar cual frágil doncella.
Al ver de Almanzor el llanto,
lo difunden por la vega,
y la frase “¡ALMANZOR LLORA!”
dicen las gentes que deja
el eco en todas las mentes
del nombre que este río lleva.


Pedro Perales Larios