jueves, 19 de marzo de 2015

NATURALEZA Y HOMBRE EN ALMERÍA. Por J.L. Caparros


La Historia de un Viaje. Naturaleza y Hombre en Almería

La ubicación de Almería, en una zona templada del Hemisferio Norte, en una encrucijada biológica, entre dos grandes continentes, Europa y África, y entre dos grandes mares, El Mediterráneo y el Océano Atlántico, ha propiciado que desde época inmemorable sus valles y montañas, hayan sido visitadas y ocupadas por diversas culturas y sociedades del pasado.
Mapa satelite
Estos antiguos pobladores de la provincia, han dejado abundantes muestras de su impronta, fuente de un Patrimonio de incalculable Valor, que se manifiesta, a través de una gran cantidad de monumentos arquitectónicos, bienes arqueológicos y elementos etnográficos, pero sobre todo, a través de un Paisaje Almeriense Único.
Este Paisaje es, Natural, porque tiene su origen en una Geología y Clima singulares, pero sobre todo, Humano, porque, en gran medida, se ha moldeado, durante milenios, por las manos de los hombres y mujeres de las distintas civilizaciones que vivieron en nuestra región.
Haciendo referencia al título de la magnífica publicación de los hermanos García-Latorre, podemos hablar, sin equivocarnos, de una Almería, Hecha a Mano.
Si comparamos el Mapa de Vegetación actual con el Mapa de Vegetación Potencial (que sería aquel que nos encontraríamos de no haberse producido transformaciones humanas en el medio) nos daremos cuenta con suficiente claridad del alcance y la intensidad de los cambios en el paisaje producidos.
mapa vegetación
Antes de la llegada del hombre Neolítico, la práctica totalidad del territorio almeriense estaría cubierto por bosques y matorrales naturales autóctonos.
A groso modo, en las Sierras y sus zonas aledañas, dominarían los encinares, frente a los pinares de repoblación y terrenos agrícolas de secano que se desarrollan en la actualidad. En los tramos medios y bajos de los valles, hoy ocupados por vegas, se desarrollarían extensos bosques de ribera y muchos de los ríos tendrían caudal permanente. En el litoral, las zonas que hoy ocupan invernaderos y urbanizaciones estarían cubiertas de densos bosquetes de matorral mediterráneo, entremezclados con zonas húmedas, dunas y arenales mucho más extensos que los actuales.
Encina La Peana, Sierra de los Filabres.
Encina Milenaria en Sierra de Los Filabres
Por tanto, el fascinante viaje de la Historia de Almería, también es un fascinante viaje de cambios y transformaciones ambientales ocasionadas por el hombre.
 El Indalo, el Inicio. Armonía entre Naturaleza y Hombre.
La primera etapa de este viaje nos conduciría a la Prehistoria, concretamente al Paleolítico, donde  grupos de cazadores y recolectores nómadas vivían de lo que la naturaleza le ofrecía espontáneamente (animales salvajes, plantas y frutos silvestres).
Hombres y Mujeres, que vivían en abrigos naturales, que solo utilizaban su energía muscular, el fuego y los útiles de piedra y de silex para sobrevivir. Realizaban pinturas y grabados rupestres, como las velezanas de Ambrosio y Los Letreros, en las que aparecen figuras de animales y humanas esquematizadas, como la del “El Indalo”, símbolo almeriense por antonomasia.
Detalle del Grabado
Grabado Prehistórico Piedras Blancas
Estos primeros almerienses aunque intervenían en los ecosistemas y en sus flujos de energía, debido a sus bajas densidades de población y su forma de vida integrada en la naturaleza, no los transformaron de manera significativa, no más que cualquier otro animal.
El Primer Milagro Almeriense, Los Millares y El Argar.
Pero si hay una etapa clave en la Prehistoria Almeriense, es el Neolítico.
Así, miles de años antes de que los agricultores almerienses propiciarán el milagro económico de los invernaderos, allá por el III milenio a. de C., durante la Edad del Cobre, entre el Río Andarax y la Rambla Huéchar, otros almerienses,  fundaban un poblado que daría lugar a la conocida como Cultura de Los Millares, momento donde tuvo lugar una revolución tecnológica de enorme trascendencia para el devenir de la historia de la civilización europea, la aparición de la metalurgia.
Más tarde, ya por el II milenio a. de C., durante la Edad del Bronce, también en tierras almerienses y a orillas de otro río, el Río Aguas, se desarrolla otra cultura aún más compleja, que rápidamente se expande por el levante peninsular, la Cultura del Argar.
En ambas culturas, Millares y Argar, se producen avances decisivos, respecto a culturas anteriores, como son la existencia de una sociedad jerarquizada, la intensificación de la agricultura y ganadería, la aparición de actividades artesanales y textiles o la construcción de fortificaciones y necrópolis de dimensiones y entidad no conocidas hasta entonces en el Mediterráneo Occidental.
Los_Millares_recreacion_cuadro
El hallazgo en los poblados de estas culturas de huesos de grandes vertebrados estrictamente forestales, como el uro (antepasado salvaje del toro actual), el oso pardo, el corzo, el ciervo o el lince confirman la existencia aún de extensos bosques en el entorno cercano a los poblados.
A pesar de que el impacto ecológico que ocasionaron estas culturas es bajo a escala global,  parece ser que si tuvieron capacidad de transformar el medio en el que vivían, es más, algunos autores vinculan su desaparición con causas relacionadas con la sobreexplotación y deterioro de los recursos naturales.
La llegada de los Hombres de la Mar. Colonias Fenicias de Abdera (Adra) o Bari (Villaricos).
 Tras el colapso ambiental y desaparición de la sociedad argarica y tras un largo período de tiempo, la civilización vuelve a llamar a las puertas de nuestra tierra.
A principios del Siglo I a. de C., Fenicios y Griegos, llegan desde el Mar, atraídos por la abundancia de recursos naturales de una Iberia prácticamente despoblada. En poco tiempo, a lo largo de la costa de Almería, se establecen colonias fenicias, entre las que destacan la de Baria, en el actual Villaricos, y la de Abdera, en la actual Adra. Centros eminentemente comerciales y pesqueros que mantenían a su vez contactos con navegantes griegos.
Los recién llegados traen consigo nuevos avances tecnológicos y culturales, que rápidamente son asimilados y puestos en uso por los indígenas iberos, lo que supone una nueva transformación del medio.
Se intensifica la minería, especialmente, en Sierra Almagrera donde se explotan los yacimientos de plata y hierro, la agricultura se expande a terrenos marginales mediante el cultivo de nuevas especies resistentes a la sequía como el olivo y la vid y, por primera vez, se comienzan a explotar los recursos marinos de forma sistemática (primeras almadrabas y salinas).
Más adelante, el control fenicio se convertiría en cartaginés cuando la civilización púnica se extendió por el SE Peninsular.
Los Fenicios llamaron al Cabo de Gata, Promontorio Charidemo (Promontorio de las Ágatas)
Los Fenicios llamaron al Cabo de Gata, Promontorio Charidemo (Promontorio de las Ágatas)
Todo se intensifica y de todo se apodera la codiciosa Roma.
Los romanos inician la conquista de la Península en el 218 a. de C., tras la victoria sobre Cartago, durante la segunda guerra Púnica.
Los asentamientos romanos importantes de la provincia de Almería se concentran en la costa o próximos a ella (Abdera, Murgi, Turiana, Baria), o en los valles de los ríos, Vergi (río Adra), Vrci (Río Andarax), Alba (río nacimiento), Tagili (río Almanzora).
Con la romanización, existe un importante crecimiento demográfico, vinculado a la aparición de nuevos avances tecnológicos, pero sobre todo, a una explotación mucho más intensa del territorio.
En esta época se aprovechan ampliamente los recursos mineros del territorio. En Sierra de Gádor, se obtiene Plomo y Plata; en Sierra Almagrera, hierro, plomo y cobre, y por primera vez, en Sierra de los Filabres, se obtiene Mármol de las Canteras de Macael y posiblemente, oro en Rodalquilar.
Esta minería requería una enorme necesidad de madera y combustible para los hornos de fundición y los trabajos en las minas (entibado de galerías, construcción de maquinaria, etc.) lo que provocó que áreas cercanas a los centros mineros quedasen ya desforestadas.
Por otro lado, en esta época, la deforestación mediante el fuego fue el medio más utilizado para la obtención de tierras de cultivo.
La agricultura además de intensificarse se expande enormemente, a través del cultivo de secano, de forma que algunos autores llegan a afirmar que los romanos fueron capaces de poner en cultivo tanta o casi tanta tierra como con la llegada de la revolución industrial.
La explotación de los recursos marinos se fortaleció, sobre todo, a través de la producción y el comercio de salazones y del garum, sabrosa salsa de pescado y especias muy apreciada en la época.
Ruinas Salazones Romana (Torre García)
Ruinas Salazones Romana (Torre García)
Aunque en época los bosques almerienses eran más desarrollados y densos que los actuales, las consecuencias ambientales del uso intenso de los recursos naturales, no pasaron desapercibidas para escritores de la época como Cicerón:
“Los bosques son empujados hacia las montañas y se extiende el secano, cuyo desarrollo no beneficia este clima tan árido, por su falta de rentabilidad; la cubierta vegetal se degrada y todo queda a pique de colapsarse, al borde del desastre”.
El Segundo Milagro Almeriense, la creación de un Paraíso Artificial Exuberante.
Tras la caída del Imperio Romano en el Siglo III d. de C, nuestro territorio queda sujeto a un especie de autonomía dominada por la aristocracia local. Después a partir 555 d. de C. los bizantinos lo ocupan y en el S. VII d. de C queda incluido dentro del reino visigodo, no obstante, los testimonios de esta presencia en la provincia son muy escasos.
La invasión de las tribus árabes y bereberes en el año 711 d. de C. abre la larga Edad Media Islámica, que en Almería se prolongó hasta finales del siglo XV y, en muchos aspectos, hasta la expulsión de los moriscos en 1570. La llegada de los invasores musulmanes dio origen a la formación de una nueva sociedad, al-Andalus.
Sin lugar a dudas, fue esta época la que dejó mayor patrimonio arquitectónico y cultural en la provincia. Ejemplo de ello son la multitud de construcciones y restos arqueológicos que se conservan de esta época. La huella musulmana en el paisaje almeriense es importantísima en la provincia como así lo confirman los restos de alcazabas, fortalezas, elementos de la arquitectura popular, acequias, almazaras, baños y otras muestras de la cultura nazarí que aún permanecen en toda la provincia, como son determinados elementos de nuestra lengua, gastronomía y música.
Aunque su actuación se sustenta sobre anteriores bases romanas, esta nueva civilización, dio origen a nuevos sistemas de explotación de los recursos naturales y a una de las mayores transformaciones del medio natural y del paisaje que se han producido en toda nuestra historia, sobre todo, a través de la implantación de una nueva agricultura de regadío, basada en innovaciones tecnológicas (acequias de careo, norias y molinos hidraúlicos, terrazas, etc) que dio lugar a la creación de numerosas vegas y huertas en la mayor parte de las localidades de nuestra provincia con reminiscencia árabe.
Noria en el Playazo de Rodalquilar
Noria en el Playazo de Rodalquilar
Durante esta época, en parte, se prescinde de los cultivos de secano y la ganadería se desarrolla a pequeña escala lo que pudo permitir, en gran medida, una regeneración de la vegetación natural y los bosques almerienses.
Prueba de ello, es el asombro del cronista austriaco Jerónimo Münzer al cruzar la frontera entre el Reino de Castilla y el Reino Nazarí,en 1494, tan sólo dos años después de la toma de Granada por parte de los Reyes Católicos:
“Pasamos la frontera de Castilla el día de 16 de octubre y entramos en el reino de Granada. Después de una jornada de nueve leguas por una comarca de exuberante vegetación, pero sin agua y despoblada, llegamos a Vera”
Respeto a la fauna salvaje en el reino Granada comenta:
“Los montes tienen tantos ciervos, osos, gamos, conejos y jabalíes que parece increíble”
Tenemos constancia por documentos históricos que hasta el Siglo XVI aún vivían en la provincia el oso pardo y la extinta encebra, équido salvaje cuya carne era muy apreciada.
El inicio del Frente Roturador. 
El fin del dominio musulmán supone en nuestra historia el inicio de la Edad Moderna.
Los Reyes Católicos instauran la religión cristiana como única y en 1492 ordenan la expulsión de los judíos. El siglo XVI será especialmente difícil y peligroso para la población almeriense, tanto por la compleja convivencia entre cristianos y moriscos hasta la expulsión definitiva de 1570, como por la situación de frontera de nuestro territorio entre la cristiandad y el mundo islámico.
Los grandes cambios políticos y económicos que van aparejados a la repoblación cristiana de nuestro territorio, en gran medida se producen en el siglo XVII, cuando el sistema de policultivos del regadío andalusí, pasa a un segundo plano y se instala un monopolio señorial, basado en una agricultura y ganadería extensiva derrochadora de tierras, lo cual conlleva una intensa roturación y nueva deforestación de nuestros montes.
Castillo Marqués de Los Vélez
Castillo Marqués de Los Vélez
La “principal sustancia” ya no procede de los árboles, la seda y el regadío, sino de las nuevas tierras ganadas al monte y de los cereales de secano. Así en la Sierra de los Filabres, entre finales del siglo XVI y 1750, la superficie cultivada llega a incrementarse en un 188%.
En el Siglo XVIII,  la pérdida de cubierta arbórea se acentúa con la llegada de la Revolución Industrial. Comienza una nueva dinastía en España, la de los Borbones, que da lugar a una recuperación económica y demográfica, la cual lleva aparejada una nueva tala de grandes cantidades de madera, con destino a la construcción de nuevas iglesias y palacios, así como, para la construcción de navíos para la marina real.
“Porque la absoluta prohibición de cortar maderas y árboles podría ser perjudicial a mis vasallos, faltándoles el material necesario para la fábrica y reparación de sus casas, para molinos y otras cosas de precisos consumo de madera, cuya falta deseo no experimenten; los intendentes mandarán a sus subdelegados que permitan la corta de árboles que huvieren menester…”
 (Capítulo XXX de la Real Ordenanza, de 31 de enero de 1748, para la conservación y aumento de los Montes de la Marina)
A pesar de la situación crítica de los bosques almerienses, el Cura naturalista  Antonio Jose Navarro (1739-1797),  a finales del Siglo XVIII, deja testimonio de la riqueza faunística de Sierra de los Filabres, donde aún perviven especies de fauna como el corzo, el lobo o el lince, hoy extintas en la provincia:
“Venados, corzos, cabras monteses; entre los carnívoros, omitiendo los lobos y zorras, por desgracia muy comunes, se cuenta… el gato cerval, el linze, que en estos pueblos llaman gato de clavo. Es aquí mayor de lo que han dicho los naturalistas, pues no sólo excede el tamaño de las zorras, sino que algunos llegan al de un perro perdiguero”.
El Tercer Milagro Almeriense, Fiebre Minera y Agricultura Intensiva. 
El nuevo Siglo XIX marca una oportunidad histórica. En 1833 Almería nace como provincia. La población crece espectacularmente al hilo de la fiebre minera y se construyen nuevas infraestructuras que hoy configuran un patrimonio arqueo-industrial de primer orden.
Vivienda Colonial en el Poblado Minero de Las Menas
Vivienda Colonial en el Poblado Minero de Las Menas
La minería y las fundiciones, junto a la fuerte presión ejercida por la agricultura sobre las zonas de bosque y matorral, provocan la práctica desaparición de la superficie forestal en la provincia. La magnitud de la deforestación es tan importante que Madoz, llega a señalar respecto a la Sierra de Los Filabres:
“En otro Tiempo la sierra que nos ocupa contenía bastantes carrascales y pinares maderables, de combustible y carboneo, particularmente en la jurisdicción de Laroya y Macael; pero en la actualidad sólo se ven en algunos puntos, a causa de haberse reducido a cultivo la mayor parte de ella….”
A finales del Siglo XIX, la metalurgia del plomo y la minería del hierro cae en declive y la consecuencia será una fuerte emigración al extranjero de muchos almerienses, aunque el panorama será más oscuro durante la primera mitad del Siglo XX con la depresión de los años treinta, el trauma de la Guerra Civil o la pobreza y miseria ligada a la dictadura de Franco.
Durante la primera mitad del Siglo XX, los montes de Almería, ya de por sí muy degradados por la fiebre minera de siglos anteriores, nuevamente son roturados para pastos o para cultivar cereales de secano por parte de esta población empobrecida.
Ante esta situación, los grandes vertebrados más singulares que aún perviven en la provincia, como el lobo, el quebrantahuesos o el lince acaban por desaparecer.
Ante este panorama de degradación ambiental de la provincia, durante la década de los 50, el Estado inicia una gran Cruzada Forestal, por medio de la cual, en muy poco tiempo, son compradas y repobladas extensas superficies con diferentes especies de pinos. Este afán repoblador queda constatado en documentos de la época:
“Con las instrucciones recibidas y la posibilidades de la comarca se espera repoblar anualmente 10.000 ha. Todo esto supondrá la transformación y la redención de la fisionomía y economía de la provincia.”
(La repoblación forestal en la zona del Almanzora (Almería). Montes, Nº100. Año 1961)
El resultado fue la implantación de formaciones forestales artificiales en la mayor parte de las Sierras Almerienses, que, hoy día, cumplen adecuadamente con su misión de corrección hidrológica y de protección frente la erosión, pero muestran una baja biodiversidad y son muy susceptibles a perturbaciones ambientales como incendios y plagas forestales.
Foto Aérea Zona Calar Alto, antes de repoblaciones forestales (Año 1957)
Foto Aérea Zona Calar Alto, antes de repoblaciones forestales (Año 1957)
Foto Aérea Zona Calar Alto (Año 2014)
Foto Aérea Zona Calar Alto (Año 2014)
A partir de los década de los 60 se producen profundas transformaciones en la provincia de Almería, resultado visible de cambios de gran calado en el sistema productivo, en la organización social, y, en general, sobre el paisaje natural de la provincia. Entre éstos destacan, sobremanera, el despoblamiento de las zonas rurales de interior, la atracción de la población hacía las áreas urbanas, la ocupación urbanística del litoral y el auge y la expansión de la agricultura intensiva y de sus actividades asociadas.
Panorámica Invernaderos Poniente Almeriense desde Sierra de Gádor
Panorámica Invernaderos Poniente Almeriense desde Sierra de Gádor
Todo estos cambios provocan, en las últimas décadas del Siglo XX, un espectacular crecimiento socioeconómico pero también originan importantes afecciones ambientales sobre los ecosistemas almerienses no conocidas hasta la fecha, tales como, la sobreexplotación y contaminación de acuíferos, erosión litoral, introducción de especies exóticas invasoras, fragmentación y degradación de hábitats, incremento de incendios y plagas forestales o vertidos incontrolados de residuos.
Sin embargo, paralelamente, la sociedad almeriense y el resto del mundo, toma conciencia del valor de los tesoros aún existentes en el patrimonio ecológico y natural almeriense, de la diversidad y espectacularidad de sus paisajes, de su singularidad geológica, del interés científico de su flora y fauna….., lo que motiva que gran parte de la provincia (más del 30% de su superficie) sea protegida a través de la normativa internacional, europea, nacional y autonómica.
Dragoncillo del Cabo, endemismo del Parque Natural Cabo de Gata-Nïjar
Dragoncillo del Cabo, endemismo del Parque Natural Cabo de Gata-Nïjar
Y, tras este largo viaje a lo largo de la Historia de Almería, llegamos a la actualidad, Siglo XXI.
Como hemos visto, a lo largo de miles años, se han producido avances y retrocesos, respecto a la relación de las distintas civilizaciones pasadas con la Naturaleza Almeriense.
Es nuestra responsabilidad y la de las generaciones venideras, que la actual civilización pase a la Historia como aquella que fue capaz de restaurar el eslabón que en el pasado unía a los almerienses con su paisaje natural, mediante la implantación de modelos de desarrollo sostenibles en las vertiente social, económica y ambiental.