domingo, 11 de enero de 2015

LOS VERDADEROS REYES DE OVERA. Por Cristina y Antonio Mateo Rubio.

 
Puente Hierro de Overa, ubicado en Santa Bárbara. Fondo documental de Overa Viva.
En una época en la que abundaba el agua, todos los habitantes del reino alardeaban de poseer el más grande e imbencible puente de hierro. Bajo él, niños y mayores pasaban los días viendo correr el agua hacia la fuente del moro. Un buen día, cuando los habitantes dormíanllegaron a ese puente dos camellos de las lejanas tierras del Sahara. Se llamaban Sabú y Sanani. Cuando despertaron, no cabían en su asombro: Qué grandes y bonitos estos camellos!! Decían.
Sabu  y Sanani en el Puente de Hierro de Overa. Fondo documental de Overa Viva.

Al pasar unos días, el puente se llenó de tanta agua que era imposible vivir allí. Así que los habitantes del reino estaban muy preocupados y pensaban en cómo salir sin ser atrapados por el agua. 
Cerca del puente, había una venta donde paraban a descansar y reponer fuerzas gentes venidas de otros lugares. Al ver la preocupación de los habitantes del reino, un adivino llamado Manuel del cortijo del  aire, pensó en una solución.
Cortijo del aire entre nubes. Fondo documental de Overa Viva.
Rápidamente, se la hicieron saber al rey y éste puso los medios para llevarla a cabo. Y aquí entraron a jugar un papel fundamental Sabú y Sanani, pues serían los encargados de transportar los sacos de cemento y los utensilios necesarios para construir un pasadizo secreto que llevara a los habitantes hacia la población más cercana hasta que se construyera un pantano para dar cabida a todo el agua. Estuvieron trabajando día y noche sin descanso, pues el agua era abundante y no paraba de brotar desde las profundidades de la tierra. Pasado un año, el pasadizo estaba terminado y el rey tan contento que no sabía cómo recompensar el gran favor que estos valientes camellos realizaron para salvar al reino de una gran desgracia.
Castillo de Overa (Santa Bárbara). Fotografía J. Pardo. Fondo documental de Overa Viva.
Una noche, mientras descansaba en el balcón de su Castillo de Overa, mirando una luna de plata que brillaba en el cielo se le ocurrió una idea. Ummmm, pensó. Ya está, los nombraré mascotas reales y vendrán a vivir al palacio donde habrá un sirviente que cuidará que nada les falte. Les dará agua una vez a la semana y los sacará a dar un paseo todos los fines de semana para que los niños y los habitantes del reino de Overa pudieran verlos de cerca, hacerse fotos con ellos y dar un paseo sobre ellos por el puente de hierro.
 


Luna sobre Overa. Fotografía Adrián Morata. Fondo documental de Overa Viva.

FIN