lunes, 14 de abril de 2014

LAS MERIENDAS EN OVERA. Por Ana M. García Díaz

Para los chicos y chicas de Overa hay algunas fechas del calendario que son emblemáticas: el 29 de julio -por las fiestas-, el carnaval, la noche del álamo...Pero una de las citas festivas que esperábamos con ilusión era el Día de las Meriendas.
Hornazo típico del domingo de meriendas en Overa. Fotografía Ana M. García Díaz
Todo comenzaba poco antes del Domingo de Resurrección. Los amigos nos juntábamos para decidir qué comprar, dónde ir y a qué hora salir.  La bebida y comida se compraba en la tienda "del Tobalo". No aprovisionábamos con mucha Coca-Cola y Fanta y un poco a escondidas, alcohol.  El pan lo comprábamos "a ca la Julia del pan". La mayoría aprovechábamos ese día para ser el primero de la época estival en usar camisetas de manga corta., aunque el tiempo a veces no acompañara.


El lugar por excelencia para pasar el domingo de meriendas era el río. Madrugábamos bastante para preparar todas las cosas.  Íbamos de una casa a otra de los amigos hasta estar todos listos. Entonces, nos poníamos en marcha en dirección a nuestro queridísimo río.  Nos esperaba una buena caminata, pero lo pasábamos de maravilla. 

Quiero hacer una mención especial al hornazo. Sin hornazo no había Día de las Meriendas. Casi siempre lo traíamos de vuelta a casa, pero era imprescindible que lleváramos hornazo, una especie de bollo dulce hecho con huevos, típico de las fechas próximas a la Semana Santa en muchas zonas. Pero el nuestro era diferente porque estaba hecho por Julia, nuestra panadera por excelencia.
Pasábamos el día comiendo, bebiendo, jugando, descubriendo lugares secretos....Sobre las 6 de la tarde llegaba la hora de regresar: recogíamos todo para una vuelta a casa tras una jornada llena de anécdotas y recuerdos que perdurarán por siempre en nuestra memoria.