miércoles, 29 de enero de 2014

LA NOCHE DE LAS LUMBRES. Por Alonso Martos Sánchez.


Se celebra el Día de la Candelaria, 2 de febrero o el día 8 del mismo - en nuestra localidad - , porque en Huércal-Overa, ese día de 1739 se trasladó la parroquia que estaba junto a la carretera nacional a su actual emplazamiento y los vecinos , de forma espontánea, encendieron hogueras para iluminar el paso del Santísimo y las imágenes sagradas.

Pero el “Día de la Candelaria” es la fiesta de la purificación de María y la presentación de Jesús en el Templo. La ley judía prescribía que toda mujer debía presentarse en el Templo para purificarse a los cuarenta días de dar a luz. Es la fiesta de la Luz y las Candelas: Cristo, la Luz del mundo, ilumina a todos como las velas o las candelas. El fuego, no sólo ilumina, sino que ejerce también una función purificadora.


Ya los romanos celebraban fiestas paganas donde el pueblo pedía el retorno de la luz en el momento más oscuro del invierno , las cuales culminaban con la celebración de la fiesta del fuego (en febrero); pues como el sol con sus rayos, el fuego con sus llamas simbolizaba la acción fecundante, purificadora e iluminadora.
Joven saltando la lumbre.
Hace unos años, la semana anterior a la fiesta, los niños arrastrábamos hasta una era jorros de zarzas secas , procedentes de la limpieza de los caballones de los bancales o leña de la tala de árboles. Había una cierta competencia por ver qué lumbre sería más grande.

Así que íbamos amontonando con una horca la mayor cantidad posible de leña para que nuestra fogata fuese la que alcanzase las llamas más altas y hermosas. Alrededor del montón le poníamos cañas con esparragueras porque crepitaban y chisporroteaban al arder, simulando unos minifuegos artificiales.

Los muchachos saltábamos la lumbre, habiendo muchos atrevidos que salían chamuscados.
Asociada a este evento, estaba la costumbre de disfrazarse de osos. Dos jóvenes se cubrían el cuerpo con zaleas (Pieles de oveja o carnero que conservaban la lana) y el osero que los conducía atados con cuerdas de esparto. Estos seres maléficos, aprovechaban la oscuridad de la noche y el bullicio alrededor de la lumbre, para abrazar a las mozas.
Esta tradición está a punto de desaparecer, si no lo remediamos. No hace mucho que el consistorio donaba un jamón y una garrafa de vino y se hacía una lumbre. Pero últimamente no ha habido ni jamón ni fogata, por lo que podría deducirse que sin jamón no hay celebración. Y como en el "campo" siempre tenemos a mano algún dicho para estas situaciones, valga éste que afirma que "arreglados están el amo y la burra, si ésta tiene que andar a fuerza de palos". Pues eso: poco futuro van a tener las tradiciones que se han de mantener a base de jamones.