martes, 12 de febrero de 2013

CARNAVAL DE OVERA.MASCARICAS DE CURUCURÚ.OVERA VIVA



RASGOS TÍPICOS DE LAS MASCARICAS DE CURUCURÚ

Las Mascaricas de Curucurú son grupos de personas (en algunos caso pueden ser una sola o un dúo) que disfrazadas y con el rostro cubierto representan parodias ante sus convecinos, muy cercanas por la temática y la expresión.
Carnaval de Overa. Mascaricas de Curucurú.

Pertenecen a una esfera particular de la vida cotidiana. Por su carácter concreto y sensible y en razón de un poderoso elemento de juego, se relacionan preferentemente con las formas artísticas, es decir, con las formas del espectáculo teatral, aunque su núcleo no sea éste, sino que está situado en las fronteras entre el arte y la vida. Están basadas en el principio de la risa.


Se construyen en cierto modo como parodia de la vida ordinaria. Con ella expresaban los deseos y anhelos del pueblo y su cultura específica: la cultura popular.



Carnaval de Overa. Mascaricas de Curucurú.
Estos personajes vivían un carnaval diferente al actual, pues la naturaleza inherente al mismo también lo era. La idea central no era salir con hermosos disfraces, a cara descubierta, para que todos los reconocieran y alabaran su vestimenta. Todo lo contrario: las máscaras disfrutaban pasando horas con los amigos sin ser reconocidos disfrazados con ropajes de deshecho, pero siempre reelaborados con mucha creatividad y gracia.
2.2.-ELEMENTOS ESENCIALES DE LAS MASCARICAS

El elemento implícito en las mascaricas de curucurú es el aspecto optimista, creativo y alegre de lo cómico. Tienen una estructura común entre la que figuran las bromas, los elementos de exhibición y espectáculo, las críticas al poder y a las costumbres sociales, músicas, cambios de papeles, representación de fantasías, etc. Por supuesto, el disfraz que ayuda a satisfacer deseos, libertades y el anonimato intrigante de la máscara.
Carnaval de Overa. Mascaricas de Curucurú.Años 70.

Los papeles dentro de la representación se distribuían en función de la capacidad de los actores, y había (y hay) grandes profesionales de la representación. Los protagonistas han pasado a la memoria colectiva de Overa, como Isabel Parra (“Isabelica de María del relojero”) una persona entrañable y con espíritu único para estos menesteres, siendo el primer referente ejemplificador constatado en el trabajo de campo realizado para este artículo. Entre otros muchos, también están Fefi Uribe, Antonio García, Diego Valera, Pepe Parra, Baltasar de Andrés (en la Concepción), etc.

Carnaval de Overa. Mascaricas de Curucurú. Años 60.

Así mismo la tradición de las mascaricas se ha pasado de generación en generación, creándose verdaderas sagas familiares que han destacado y destacan por su creatividad e ingenio en el montaje y puesta en escena de su representación. Familias como las hermanas Castelló ( Vicenta, María, Isabel y Rosa) han sido y siguen siendo un ejemplo de integración, participación y maravillosas interpretaciones de las mascaricas de curucurú en el Carnaval de Overa.

Carnaval de Overa. Mascaricas de Curucurú.

2.3.-INDUMENTARIA Y MÁSCARA
En las mascaricas de curucurú el disfraz tiene una doble vertiente carnavalesca: por un lado, como elemento de adorno y colorido que ritualiza a través del componente visual los fastos carnavalescos, y por otro una vertiente que podríamos llamar de trasgresión y engaño. Además, tiene el poder de crear un marco ficticio en donde el individuo y los espectadores se insertan para crear un rito o una especie de contrato escénico.

La indumentaria era expresión de las costumbres y formas de vida de la época. Iban ataviadas con vestimentas que se encontraban en los propios hogares: era el día de abrir las arcas y sacar ropas antiguas, algunas enviadas por familiares que se encontraban en el extranjero. Con ellas se caracterizaban para su puesta en escena y dejaban volar su creatividad e imaginación.



Carnaval de Overa. Mascaricas de Curucurú. Años 80.
La cara se la cubrían con una media o con un pañuelo con orificios para los ojos y boca (en algunos casos se pintaban la cara con azulete).

La voz era otro elemento a enmascarar, y para ello cambiaban el tono con un único fin: evitar ser reconocidas.

En estos tiempos se siguen las mismas pautas en muchos casos, aunque se han ido introduciendo los avances en caretas, maquillajes, adornos,etc.

2.4.-FORMAS Y RITUALES DEL ESPECTÁCULO

Las mascaricas de curucurú es una tradición arraigada entre las gentes de Overa, que toma como eje vertebrador la participación popular espontánea. Años atrás el domingo y lunes de carnaval durante todo el día salían a las calles de Overa cuadrillas de personas de uno y otro sexo de máscaras con alborotos y ruidos (haciendo chocar tapaderas de las ollas, guitarras, trompetas…).


Carnaval de Overa. Mascaricas de Curucurú.

Las formas rituales y de espectáculo se organizaban de manera cómica. Ofrecían una visión del mundo, de la persona y de las relaciones humanas completamente diferentes.

Carnaval de Overa. Mascaricas de curucurú.

Los espectadores no asisten al carnaval sino que lo viven e incluso en algunas ocasiones se convierten de forma espontánea en los propios actores. Así lo he podido constatar durante el trabajo de campo realizado para este artículo, donde me cuentan como mientras un grupo de mascaricas iba por la calle componiendo un circo, donde no podían faltar leones, trapecistas, etc., apareció de forma espontánea el domador del circo que se unió a ellos participando de su espectáculo y que no era más que un espectador que se animó al verlos y subió a su casa a caracterizarse. Así, llenaban las plazas y las calles días enteros. En este contexto, podemos decir que las mascaricas de curucurú ocupaban un componente público y teatral de primer orden.



Carnaval de Overa. Mascaricas de Curucurú.

Los temas elegidos para su dramatización podían ser de lo más variopintos. Desde una novia desventurada por que la había dejado su novio en el altar, hasta unas “madames” de un burdel buscando chicas nuevas; desde una corrida de toros hasta un entierro; desde unos emigrantes que tienen que salir de su país hasta una parturienta que va a dar a luz acompañada por el médico y su familia, pasando por aquellas chicas que con su maleta y hablando inglés simulaban emprender camino para embarcarse a América; las chicas del telediario, el guiñapero vendiendo remolinos, los gitanillos montados en una burra con unas "aguaeras" vendiendo telas, y tantos y tantos otros…. La imaginación suplía a los medios para “meterse en su papel” y crear una obra única.

Carnaval de Overa. Mascaricas de Curucurú.

En algunas barriadas como Santa Bárbara y la Concepción era habitual agasajar a las mascaricas con algún convite por lo bien que lo habían hecho y se le sacaba en las casas la botella de anís, la de coñac y alguna galleta casera… que eran recibidas con gran alborozo por las mascaricas que, agradecidas, solían improvisar alguna gracia o párrafo más, siempre sin perder la compostura de su representación.


Carnaval de Overa. Mascaricas de curucurú.
El desparpajo, la alegría, la ironía, la guasa y la risa dirigida a la opinión pública presidían sus actuaciones en forma de parodia. Su intención era declaradamente cómica, buscando la carcajada del oyente-espectador. Podían adoptar la forma de un “sermón” burlesco declamado por una única persona, o bien se producía una “disputa” protagonizada por dos antagonistas o una escenificación común de toda la cuadrilla de mascaricas, acompañados siempre del grupo de vecinos que se iban sumando conforme hacían su puesta en escena por las calles e iban llamando a las puertas de las casas con la frase insigne que les dio nombre:


Carnaval de Overa.
Mascaricas de Curucurú.





¡¡¡CURUCURÚ….QUE NO ME CONECES TÚ!!!

¡¡¡CURUCURÚ!!!…¿SE ADMITEN MÁSCARAS?









 

 

 

 

*EXTRAÍDO DEL ARTÍCULO "CARNAVAL DE OVERA.MÁSCARICAS DE CURUCURÚ". GARCÍA DÍAZ, ANA Mª.