viernes, 1 de febrero de 2013

CARNAVAL DE OVERA: RESUMEN DE MASCARICAS DE CURUCURÚ




Las mascaricas de curucurú es una tradición arraigada entre las gentes de Overa, que toma como eje vertebrador la participación popular espontánea. Años atrás (en la actualidad en menor medida), el domingo y lunes de carnaval durante todo el día salían a las calles de Overa cuadrillas de personas de uno y otro sexo de máscaras con alborotos y ruidos (haciendo chocar tapaderas de las ollas, guitarras, trompetas…).

      Las formas rituales y de espectáculo se organizaban de manera cómica. Ofrecían una visión del mundo, de la persona y de las relaciones humanas completamente diferentes.

      Los espectadores no asisten al carnaval sino que lo viven e incluso en algunas ocasiones se convierten de forma espontánea en los propios actores. Así lo he podido constatar durante el trabajo de campo realizado para este artículo, donde me cuentan como mientras un grupo de mascaricas iba por la calle componiendo un circo, donde no podían faltar leones, trapecistas, etc., apareció de forma espontánea el domador del circo que se unió a ellos participando de su espectáculo y que no era más que un espectador que se animó al verlos y subió a su casa a caracterizarse. Así, llenaban las plazas y las calles días enteros. En este contexto, podemos decir que las mascaricas de curucurú ocupaban un componente público y teatral de primer orden.

      Los temas elegidos para su dramatización podían ser de lo más variopintos. Desde una novia desventurada  por que la había dejado su novio en el altar, hasta unas “madames” de un burdel buscando chicas nuevas; desde una corrida de toros hasta un entierro; desde unos emigrantes que tienen que salir de su país hasta una parturienta que va a dar a luz acompañada por el médico y su familia, pasando por aquellas chicas que con su maleta y hablando inglés simulaban emprender camino para embarcarse a América…etc. La imaginación suplía a los medios para “meterse en su papel” y crear una obra única.

      En algunas barriadas como Santa Bárbara y la Concepción era habitual agasajar a las mascaricas con algún convite por lo bien que lo habían hecho y se le sacaban en las casas la botella de anís, la de coñac y alguna galleta casera… Que eran recibidos con gran alborozo por las mascaricas que, agradecidas, solían improvisar alguna gracia o párrafo más, siempre sin perder la compostura de su representación

      El desparpajo, la alegría, la ironía, la guasa y la risa dirigida a la opinión pública presidían sus actuaciones en forma de parodia. Su intención era declaradamente cómica, buscando la carcajada del oyente-espectador. Podían adoptar  la forma de un “sermón” burlesco declamado por una única persona, o bien se producía una “disputa” protagonizada por dos antagonistas o una escenificación común de toda la cuadrilla de mascaricas, acompañados siempre del grupo de vecinos que se iban sumando conforme hacían su puesta en escena por las calles e iban llamando a las puertas de las casas con la frase insigne que les dio nombre:

¡¡¡CURUCURÚ….QUE NO ME CONOCES TÚ!!!

                    ¡¡¡CURUCURÚ!!!…¿SE PERMITEN MÁSCARAS?


*Extracto del artículo de Ana Mª García: CARNAVAL DE OVERA: LAS MASCARICAS DE CURUCURÚ.