jueves, 22 de diciembre de 2011

DESARROLLO CULTURALMENTE SOSTENIBLE...O el eructo de Homer Simpson.


EL EQUILIBRISTA (artículo publicado en la Voz de Almería )

Por Juan Pardo Valera. Director de la revista Paraíso Natural


 Mucho se ha hablado en los últimos años del desarrollo sostenible. Tanto  que se está convirtiendo en una palabra quemada: socialmente correcta, políticamente imprescindible y prácticamente inservible. En un foro propiciado por una conocida entidad financiera almeriense,  en el que participé hace unos meses,  un afamado arquitecto sostenía lo siguiente: “los campos de golf  son la quintaesencia del desarrollo sostenible; porque lo tienen todo: naturaleza, construcciones, deporte... y hasta los pájaros son más felices”. Un empresario, muy vitoreado por la mayoría de los asistentes, apostillaba que: “el único futuro viable para nuestra provincia es tirar los hoteles de la costa y construir urbanizaciones de turismo residencial para los europeos del norte; porque Almería es una provincia vacía...”
Los niños y jóvenes de Overa reviviendo sus tradiciones. Carnaval de Máscaras de camisas o Peloteros.

 Claro, esto del desarrollo sostenible tiene tantas visiones como intereses. Y las anteriores opiniones, por muy disparatadas que nos parezcan, se siguen propiciando  y publicitando por muchos poderes privados y públicos.

Desde la visión de conservación del medio natural está claro que el único desarrollo que nos podemos permitir  es aquel que la propia naturaleza pueda soportar sin alterar sus  valores esenciales y ciclos vitales de flora, fauna, paisaje, clima...



La ganadería ha sido históricamente una fuente de ingresos equilibrada. Foto. J.Pardo

 Desde el punto de vista socio-económico es aquel que garantiza un desarrollo sostenido sin agotar los recursos que lo generan. Pero el motivo de la presente reflexión se centra en una visión menos debatida, más sutil e incluso, para muchos, de menor importancia: el desarrollo culturalmente sostenible.



La tipología constructiva tradicional no debe perderse. Es bonita, práctica, sostenible: LA NUESTRA...
     La provincia de Almería, nuestra tierra de Overa y nuestro mediterráneo, han sido históricamente tierra de paso. Se han enriquecido de cien culturas. Ha sido  tierra acogedora por excelencia. Nuestras cortijadas, aldeas, pueblos... han necesitado cientos, miles de años para conformar su población y el rico entramado de costumbres, tradiciones, gastronomía, fiestas... cultura en definitiva. Somos el fruto de lo que las generaciones  de nuestros antepasados han creado con una lucha sin tregua para adaptarse a la naturaleza y adaptar a ésta a las necesidades del hombre.


Con una mirada al pasado: formas de vida y prácticas sostenibles. Foto: Ana García

      Y lo más importante, humanizando esta lucha con tantas y tantas tradiciones que nos hacen distintos, especiales, únicos: gastronomía (migas, pimentones, gachas, cuajaderas, pelotas...), bailes (verdiales, de ánimas, parrandas,…), carnavales (peloteros, mascaritas de “curú curú”...), tradiciones de cosecha y matanza (los tiestos, las panochas “colorás”, los ramos...), la riqueza de nuestro  patrimonio arquitectónico tradicional (arquitectura nijareña, alpujarreña, levantina...), romerías, cuadrillas, fiestas populares, expresiones del lenguaje, afabilidad... la esencia de lo que somos.


La agricultura ha sido y puede seguir siendo nuestra actividad económica fundamental. ¡Pongámonos al día...!
  Y todo para mayor gloria de “cuatro gachos trajeaos y tres politiquillos aficionaos”,  que juegan a medir el futuro y la felicidad del pueblo en tantos por ciento del PIB, que nos quieren hacer creer que si no se construyen cientos de miles de adosados al año no tenemos porvenir, que el “turismo residencial” es turismo y es residencial. Y toda la sarta de necedades interesadas que nos vemos obligados a tragar todos los días.

Estoy muy orgulloso de sentirme argárico, fenicio, romano, godo, árabe, caballero andante, hijo de emigrante, un poco bohemio y mucho soñador... y no reniego de ser algún día europeo, pero sobre todo ciudadano del mundo. Pero por favor piano, sin prisas, “poquico” a poco. Que lo soporte  nuestra naturaleza, lo asimile nuestra mente y que nuestros hijos sepan quiénes son, de dónde vienen sus raíces y lo más importante: que luchen por un futuro mejor, más solidario y humano, como sus padres les enseñaron. Respeten sus tradiciones y las enseñen a las nuevas generaciones.


Estoy muy orgulloso de sentirme argárico, fenicio, romano, godo, árabe, caballero andante, hijo de emigrante, un poco bohemio y mucho soñador... Foto: J.Pardo


* Por una Overa con futuro, pero futuro medido en desarrollo sostenible, en trabajo y riqueza para todos, en conservación y recuperación de las tradiciones, costumbres y la naturaleza. Una Overa rica en felicidad y solidaridad con propios y extraños… pero que no se deje engañar por cantos de sirenas, por la desproporción del ladrillo y la invasión de costumbres ajenas…


El comercio tradicional, las nuevas tecnologías, la comercialización, la recuperación cultural... ¡¡Nuevos tiempos; nuevas formas... pero respetando las raíces que nos hacen ser grandes...!!