martes, 29 de noviembre de 2011

PREGÓN: Fiestas Overa 2007. Por Diego Esteban Parra Montoya

                                                                                                                                                         
CARTA A LA MADRE DE OVERA

Antes de comenzar a leer, sean mis primeras palabras de agradecimiento. De agradecimiento, a todos, por permitirme compartir, en esta noche de Julio, el momento inolvidable que supone, ser pregonero de las fiestas de este año. Llego aquí, sin credenciales. Sólo soy una persona. Una persona por la que ha pasado la vida. Que ha pasado por lugares que le han dejado huella. Y uno de esos lugares es Overa. Llego para hablarte, madre:

Vestida de luto eres, Nuestra Señora de la Soledad, un manto sombrío que preside la luz de este oasis. Al llegar a la comarca, que riges con tus benévolas lágrimas, se siente tu firme presencia. Surge el agradecimiento por muchas cosas. Por acompañarnos, silenciosa, en los pequeños detalles del día a día. Por la ilusión que cada año nos invade en estas fechas. En el sonido difuso de la orquesta, los cohetes vividos y la tertulia con amigos. Quiero hablarte de Overa. ¿Pero de qué Overa? He vivido, hemos vivido tantas, que pararla en el tiempo, decir “esta es” se me antoja un delito. Son muchas las caras de ese mismo sueño que llamamos Overa. Y me gustaría hablarte de todas ellas […]


Carrera de la Virgen de la Soledad. Fotografía Ana Mª. García
Está la de los primeros años de infancia. Los que dan a cada uno la categoría con la que encuadra el resto de su existencia. En nuestra infancia hay un paisaje, una palabra, una amistad y una experiencia vivida en Overa. Y eso marca.
Hay una Overa de paisaje de palmeras. Zona de frontera y de mezcla de culturas. De tierras levantinas y andaluzas, encrucijada de caminos. Cultura de la Prehistoria que dio paso a comerciantes del Mediterráneo. Un valle seco que en época musulmana vio nacer Overa. Con sus ramblas y fuentes. Un paisaje que descubrir tranquilos. Para merendar con hornazos bajo el puente de su río. Huerta de naranjos exquisitos. De olivos y hortalizas. De palomos de raza o rugido de motos. Una Overa de mujeres de hoy y de abuelos llenos de vida.
Cuna del castillo, está la Overa de viejos cristianos, que marcharon antes de renegar su fe. Que fue repoblada y anexionada a Huércal. Diputación rural ya en el XVIII. De casas de adobe y cámaras altas. De noches de lumbres y álamos, como fiestas ya lejanas. Que mantiene vivo hoy un carnaval único, con sonido de cencerros, olor a vino y color de tiznajos.
Existe la Overa de la cultura. Cultura del amor a la familia y al prójimo. Cultura del trabajo y también del ocio. Somos herederos de los valores de tu pueblo, al que miramos agradecidos. Un pueblo que hacen grande sus vecinos. Hombres y mujeres, personas sencillas, trabajadoras. Nada conflictivas. Abiertos a la generosidad y amantes de una convivencia que no entiende de clases. Que echa una mano en las matanzas y comparte un plato de migas. Porque la gente de Overa te acoge como amigo de toda la vida. Porque de Overa es el de Santa Bárbara, el de La Concepción, el de Los Navarros, el de El Pilar o el de Los Menas. Por todo eso, madre, digo, que son muchas las caras de Overa. Pero que hoy solo miramos a una, y esa es la tuya. 
Carrera de la Virgen de la Soledad. Fotografía Ana Mª.García


Gracias por cuidarnos en los malos tiempos. Siglos pasados de plagas y terremotos. Que cuando hizo estragos el cólera, paseaste por nuestras calles. Y la muerte y la epidemia desaparecieron. Por eso, cada año te abrimos gozosos, las puertas de nuestras casas. Te cantamos o rezamos, que más da. Desde nuestras casas de arquitectura sencilla y blanca. Fruto del trabajo de hombres y mujeres que han formado la historia de tu pueblo. Rostros que dejaron su salud en una entrega escondida por

hacerlo grande. Nuestro recuerdo especial para quienes han estado y ya no están. Los que bailaron a las ánimas y trovaron sueños. Los que han dejado lo mejor de sus vidas. Algunos fallecidos, otros enfermos o impedidos. Todos familiares o amigos. Y todos queridos. Sabemos que los cuidas y eso nos consuela.

Pero hoy, estamos de fiesta. En unas fiestas que mezclan tradición y presente. Que expresan un deseo de futuro: el de las ganas de vivir y vivir juntos. Alrededor de una Iglesia y de unas calles, siempre tranquilas, que nos dan la bienvenida. Que se llenarán de luz esta noche y se vestirán con la lluvia de los fuegos. Porque te lo mereces y porque la devoción de Overa por su Virgen va más allá de lo religioso. Porque eres amiga fiel y nos sentimos unidos en éxitos y tristezas, te pido, madre, en este día abierto a la alegría, de reunión y llamada, que nos ayudes. A abrir nuestro brazos. Nuestros ojos, labios y oídos, al latir de esta tierra de luz que es Overa. Para dar un abrazo a los que vemos una vez al año. Gozar con familia y amigos de un 29 de Julio mágico con olor a procesión y sonido de cantos únicos. Y que en los niños siga presente esa mirada de ilusión, que espera impaciente el inicio de las Fiestas.

Overa se engalana, y os invito a disfrutar de ella. Todos juntos. Nos lo merecemos. Alegraos, que con estas Fiestas ha llegado el momento de la alegría. Abrazaos, bailad, cantad y reíd en paz. Olvidad en estos días las preocupaciones. Pero, sobre todo, continuad, con orgullo, llevando a Overa en lo más profundo de vuestros corazones. ¡Viva Overa! ¡Viva la Virgen de la Soledad!

Muchas Gracias y Felices Fiestas.